El DILEMA ÉTICO MÉDICO EN EL INTERIOR ARGENTINO

(UN PEQUEÑO APORTE AL DEBATE)

 

por Marcelo Senna

 

         Es acaso la ética médica diferente en el interior del país?

         No puedo más que comenzar con una pregunta, que es la representación más fiel de lo que hoy tienen los médicos, DUDAS, muchas, distintas, innumerables, con o sin fundamento, de tipo vocacional, o gremial, o  existenciales, o jurídicas, o en fin, de cualquier tipo, pero dudas al fin.

         Durante el cursado de la carrera de medicina, la concepción del trabajo médico es idealizada, con una fuerte carga simbólica de lo que representa el médico, con su imagen de semidiós, con el poder de decidir sobre la vida y la muerte; pero nada hay más equivocado que el manejo de este  concepto. 

         No sabe el estudiante lo lejos que está de alcanzar ese preciado ideal, ni lo utópico que resultará, cuando compare, a la distancia, el verdadero accionar médico en disonancia  con sus ingenuas actitudes de alumno.

         En los años avanzados se imbuirá de los rudimentarios(casi un “demo” de lo que debería ser el aprendizaje de la materia) conocimientos de la medicina legal y forense. Allí se familiarizará con los conocimientos de la ética médica, se enterará que existe una deontología médica, que su ciencia no se agota en diagnosticar y tratar, ni tampoco en prevenir y hacer docencia.

 Comprenderá que deberá ejercer una profesión tan humana con condicionamientos que por momentos le costará entender, disimulados dentro de un sistema que utiliza cualquier herramienta política a su alcance, para lograr el objetivo de que se pueda contar con una mano de obra eficiente (barata en realidad), pero eso si, siempre “ajustada a alguna norma legal”.

            Pero al estudiante de medicina, la sola mención de la palabra norma, le produce el mismo efecto que a la mayoría de los médicos cuando se le nombran la ley, lo jurídico, los abogados, etc. Aparece el prurito de la desconfianza, de la doble intencionalidad, de aquello que no conoce pero sabe que puede traerle problemas si alguna vez debe introducirse en ese aspecto de la vida. Es una interpretación apriorística errónea la que se hace pero es la verdadera en el sentir.

         ¿Por qué es así? La respuesta no es difícil: por un lado, la ignorancia del galeno acerca de las cuestiones legales y deontológicas si se quiere, y por otro lado los antecedentes de que viene pertrechada la justicia en la Argentina.

         Llegamos aquí al punto en que nuestro estudiante ya se ha recibido y ahora comienza el desfile de las actividades en los ministerios correspondientes, donde se desayuna con una serie de requisitos que debe completar; allí es donde empieza a tener noción que aunque  ya se siente  médico, hay un ordenamiento que debe respetar, y aparecen nuevamente los miedos ante la parva de papeles a llenar, donde, en la mayoría de ellos, se menciona algún articulado legal, o la referencia de una ley bajo la cual está jurando que lo que declara es sólo la verdad.

Además, se hace carne en él que deberá atenerse a las consecuencias en caso de no cumplir con lo previsto en las mismas. (Nuevamente se presentan los miedos)

Finalmente, pasa a colegiarse y otra vez papeles, leyes, requisitos y los postulados de la ética medica que comienzan a tomar su verdadera dimensión, porque ya puede empezar a practicar la medicina.

 

Ejercer la Medicina en el interior argentino

         Tuve que hacer esta introducción, que me parece muy necesaria, porque no sólo está la incompleta preparación del médico-persona, del médico-científico, del médico-ciudadano, sino porque también redescubre que es un miembro más de la comunidad donde se desenvuelve, y es a cada momento juzgado por los pacientes, por sus pares, por su conciencia, y aunque parezca un infantilismo, también por su entorno familiar, que no es poca cosa.

         En todos los ámbitos de la vida el hombre se maneja por costumbres, y la medicina no es la excepción, más aún, los tratamientos, al menos en la Argentina, están seriamente influenciados por las “modas”.

Sobre esta forma de vivir tienen especial incidencia los medios de comunicación, y así nos llegan a cualquier rincón del país las costumbres y la forma de ejercer la medicina en  las grandes urbes. Claro que allí el acceso al conocimiento, a la actualización, a cursos de perfeccionamiento, a instituciones de primerísimo nivel, es mucho más fácil, simple, económico.

         Se preguntará a esta altura el lector, qué tiene todo esto que ver con la ética medica. Muchísimo, porque estamos permanentemente sujetos los médicos a los requerimientos de la sociedad, que avanza al ritmo de  las comunicaciones de los “multimedios”, se va actualizando (y confundiendo a la vez por la cantidad de información que la bombardea). Pero el médico se desenvuelve en un medio de trabajo que pareciera estar detenido en el tiempo, al menos en el interior del país. En algunos lugares, la pauperización es tan grave que la ambulancia es el elemento de diagnostico y tratamiento más importante del sistema.

 

         A medida que en los centros civilizados se discute hoy la clonación o el uso terapéutico de embriones, o la terapia génica, en muchos pueblos del interior estamos luchando con la falta de medicación básica, sea porque su precio es inaccesible o porque hay indisponibilidad de la misma, y se superpone lo que el médico prescribe a su real saber y entender y a la realidad, que lo golpea en el rostro.

No pocas veces debe volver sobre sus pasos y adecuar su accionar a la realidad -léase crisis- y se cuestiona él mismo cuál es la ética a aplicar, si la de la norma escrita o la de su conciencia. Esto, así expresado, no debe ser interpretado como una violación a las normas éticas sino una  adecuación al hecho de ser un profesional que ejerce en el interior.

Desde antaño se vivió la práctica de la medicina  como una actividad que se desarrolla asentada en el principio de la beneficencia - no maleficencia, el médico paternalista, aquel que “de tanto bien que hacía” hasta terminaba siendo el político del pueblo (no son pocos los ejemplos de médicos que llegaron a altos cargos nacionales). Su palabra no se discutía, su opinión  era ley .

Ese médico se vuelve un consejero, no sólo en cuestiones físicas sino también espirituales, poniéndose muy poco por debajo del lugar que le cabe al cura párroco. Aquí es donde excede sus funciones y termina  haciéndose cargo de problemas que no tienen que ver con la medicina en si, sino con el hombre brujo que es capaz de ahuyentar el mal, hacer desaparecer el dolor, y en fin, practicar su magia. Y a veces, se hace a un lado la norma ética.-

 

Reflexiones generales

Tendríamos ahora que evaluar qué pasa en ciudades más grandes, donde la práctica de la medicina se halla bajo la órbita de las llamadas Obras Sociales (nunca supe bien por qué les pusieron ese pomposo nombre, porque son obras, sí, pero el fin por el que fueron creadas, y la realidad también, distan mucho de tener un bien social como meta).

Estas instituciones, que actualmente se hallan en su totalidad regidas por  grupos de personas que  necesitan imperiosamente cerrar tratos con las entidades médicas y sanatoriales -de eso depende la supervivencia del dirigente-, se basan en las premisas de la economía de mercado, cuando la salud no es un bien de mercado, sino mucho más que eso. Es un derecho existencial, aunque no figure literalmente así descrito.

Para que los números cierren se deciden a firmar “convenios de riesgo” (al fin y al cabo, el único riesgo es para la salud del paciente, y para el médico es la certeza de que no va a recibir honorarios dignos, o de supervivencia, si se quiere.) Entran a tallar factores económicos, y allí dejamos de hablar de salud, de ética, del paciente, y el médico pasa a ser sólo un burócrata despersonalizado, como bien lo describe  Leonardo Sciacia, en La medicalización de la  vida. Se convierte en el “firmador” de recetas.

Entran a actuar en escena los médicos auditores, y en su afán por complacer a sus ocasionales empleadores muchas veces toman actitudes rayanas en la violación de cualquier código de ética médica. Las decisiones no razonadas como médico y si como administrativo de una empresa de salud o gerenciadora de salud, pueden dar lugar muchas veces a severos cuestionamientos médico-legales.

Pero la falta de un verdadero dimensionamiento del problema por parte de ambos en estos temas es muy grande, y termina con discusiones inacabables y estériles, que no atacan el núcleo del problema, y que llevan a que finalmente sea el paciente el que deba resolver la cuestión, con su propio peculio, para continuar así  con el diagnóstico y tratamiento.

En esta sociedad actual, que se halla totalmente “medicalizada”, donde el médico es sólo una pieza del complejo sistema de salud del país, donde se utiliza metafóricamente terminología medica para referirse a cuestiones políticas(cirugía sin anestesia, cirugía mayor, hay que tratar al enfermo, etc.), es el galeno quien se halla ausente la mayoría de las veces de los sitios donde se proyectan los programas a implementarse.

 Hay una tendencia a utilizar las ciencias médicas y el objeto de las mismas como metáforas de situaciones político-sociales

Y qué tiene que ver esto con la ética, podría preguntarse el lector. Aquí va la respuesta.

          Para poder trabajar dentro del sistema de la seguridad social, se firman acuerdos y convenios con las obras sociales en general, y el contenido de los mismos es muy cercano a lo lesivo desde el punto de vista de los actos jurídicos viciados (por ejemplo, los convenios con PAMI en la década de los 90), pero a pesar de ello y por la necesidad extrema de tener trabajo, se los acepta. Luego, al tener que llevar a la practica  esta medicina “capitada”, nos encontramos con que lo que debe hacerse y lo que puede hacerse, por cuestiones económicas, van por caminos muy diferentes.

Aquí es donde se cuestiona –en realidad, se barre- todo el andamiaje de la ética médica. Al menos como está conformada en nuestro Código de Ética de la Confederación Médica Argentina.

 Alguna vez los juristas deberían analizar los llamados “convenios de riesgo”, porque al ser realizados con un fin netamente económico, dejan de lado los principios que llevan implícitos muchas normas éticas, en afán de poder cerrar un acuerdo”exitoso”.

         Aquella antigua obra de Jules Remains, Knock o el triunfo de la medicina (escrita en 1923), cobra hoy más vigencia que nunca, pues día a día el médico va perdiendo la batalla que gana parsimoniosamente la medicina, siendo a su vez esta última utilizada con fines espurios y grandes ventajas económicas y políticas por los transitorios huéspedes del poder.

 

         Conclusión

         Creo sinceramente que para recuperar la mística del trabajo médico, para que se haga carne en los galenos su código de ética, que quizás requiera una actualización, así como la ley 17.132, de ejercicio de la medicina,  es ante todo imprescindible diseñar una política de salud.

Hace muchas décadas que este país no tiene ninguna política de salud verdadera, y estamos ante una sucesión interminable de errores, en los qu pierden todos, médicos y pacientes por igual (en realidad, cada vez que los que planifican se equivocan, alguien ajeno a la relación medico paciente logra algún beneficio).

Sin códigos de ética no se puede ejercer la medicina, pero a estos deberían conocerlos los que planifican la salud, los que enseñan, los que dirigen las entidades médicas.

 Cuando en el  mundo se están discutiendo los derechos de los animales, en nuestro país estamos intentando sobrevivir, y en el interior de Argentina, en algunas provincias, estamos discutiendo si para hacer una ligadura de trompas hay que pedirle permiso al juez o no, o qué hacer con las transfusiones en quienes se oponen, etc.

         El tema es muy interesante para la discusión y el debate franco, abierto, creativo, no sólo la critica desmedida, por lo que estoy seguro estas líneas pueden irritar a alguno que otro, pero no dicen nada más que lo verdadero. Y, cuando la verdad está con uno, uno realmente se siente liberado.

         Ojalá que entre todos podamos revertir esta realidad médico-social y volvamos a las actitudes éticas, no sólo en la medicina sino en todos los órdenes de la vida.