DERECHO APRENDE DERECHO: 

una experiencia de innovación pedagógica

por Patricia Sorokin

 

Resumen

Este estudio tiene como objeto explorar  las representaciones sociales  que construyen los/as estudiantes de Abogacía en torno a la “relación médico/a-paciente”,  para identificar los cruces y los puentes  que se establecen entre el nivel discursivo y el plano inconsciente,  a fin de señalar los quiebres y las continuidades, las necesidades y los desafíos posibles en el terreno que propone la Bioética,  especialmente en el campo de la Medicina Defensiva

Se exponen aquí las representaciones sociales que acerca de la relación médico/a-paciente poseen estudiantes de Derecho y para lograr una mayor homogeneidad entre las unidades de análisis se delimitó el análisis exclusivamente a estudiantes regulares de la Asignatura “Bioética y Derecho”, inscriptos/as en la Carrera de Abogacía de la Universidad de Buenos Aires.

Se optó por la población estudiantil a efectos de verificar si existe correspondencia entre la percepción acerca de los/as futuros/as graduados/as como una totalidad o “corporación”, socializada en un modelo de ejercicio profesional que propende a valorizar técnicamente a  “cuervos” que “están al acecho de hacerte un juicio por cualquier causa”  o si por el contrario se trata de individualidades que operan según criterios propios. 

Justificamos la elección de la población al considerar que si el Derecho  refleja la mutabilidad de  los valores sociales y a través de sus regulaciones da cuenta de fenómenos extra-jurídicos, entonces el terreno bioético resultaría propicio para iniciar un debate profundo acerca de cuestiones cuasi-elementales y poco discutidas como la relación médico/a-paciente  (no ya de las implicancias jurídicas de las desavenencias entre  ambas partes, sino del encuentro o des-encuentro de subjetividades).

 

Metodología utilizada:

I. Censo:

El universo de estudio (750 casos), se integra por estudiantes de Abogacía inscriptos/as en los Cursos de pre-grado de “Bioética y Derecho”  (Cátedra: Dra. Gladys J. Mackinson),  correspondientes a la currícula de la carrera de Abogacía de la Universidad de Buenos Aires, compuesta por sujetos de ambos sexos, entre 22 y 58 años de edad, en los períodos académicos que transcurren entre agosto de 1994 y diciembre de 2001.

Si bien nuestro censo consta a la fecha de 750 dibujos, ello no significa que estemos ante 750 posiciones diferentes, muy por el contrario las coincidencias son constantes y revelan ideas recurrentes en cuanto al modo de percibir la relación médico/a-paciente.

 “la propuesta es...recuperar para el estudio de poblaciones algunas dimensiones propias del campo de los estudios de la subjetividad...aquellas dimensiones humanas difíciles de mensurar, tales como la irracionalidad, la afectividad, la contradicción, por enumerar sólo algunas características”[i].

Si tal como postulaba el Juez Holmes "las leyes dicen  lo que los jueces dicen que dicen"[ii], la jurisprudencia estaría imbuída de interpretaciones subjetivas amparadas en mitos, creencias, estereotipos, pre-juicios (juicios previos), usos y costumbres hacia los cuales apuntamos al diseñar este estudio suponiendo que los/as futuros/as abogados/as luego de graduarse podrían ejercer el Derecho desde perspectivas valorativas en detrimento de saberes teórico-prácticos, evidenciando un modo de operar  extra-objetivo, es decir, más allá de lo que ordena “la letra de la ley”.

 

II. Técnica de recolección de datos:

Con el objeto de des-cubrir  las representaciones sociales se prefirió un modo de aproximación a la subjetividad a través de gráficos de figura humana, con el propósito de determinar el grado de internalización entre los/as estudiantes de Abogacía de la “medicina defensiva[iii] en tanto problemática bioética.

La modalidad de la técnica -aplicada a modo de censo- implicó la elaboración de una consigna cerrada pero de resolución abierta (en este caso:  Dibuje a un/a médico/a y a un/a paciente”), la cual fue dirigida por la Profesora Titular a todo el alumnado presente en clase a fin de sondear en la representación gráfica  de dicha díada a la cual se denominó “pareja sanitaria”. 

En función de los dibujos de pareja sanitaria recopilados podemos analizar aquellas cuestiones menos conocidas por el sujeto y que pueden obturar-desde el inconsciente- la constitución de un vínculo (relación interpersonal, humanizada) entre médico/a y paciente.

La utilización de esta técnica  -ad hoc- de indagación subjetiva ha permitido obtener datos difíciles de hallar mediante metodologías “convencionales”. 

Este tipo de instrumento de recolección de datos no es habitual para la población estudiantil de Derecho y generó como efecto rebote otros elementos de análisis e interpretación subjetiva no previstos en el diseño original: ante la enunciación de la consigna la primera reacción generalizada entre todos/as ellos/as fue la de estupor. Resultaba inaudito que “a alumnos de la Facultad”, en el marco de la clase inaugural del Curso, y  luego de la presentación de los/as integrantes de la Cátedra[iv] y del cronograma de actividades se les indicase que tenían que “sacar una hoja y hacer un dibujo”. Luego de aclarar reiteradamente que dicho ejercicio no sería utilizado “como prueba en su contra” ni evaluado según parámetros habituales,  ni mucho menos calificaría sus aptitudes para el dibujo (o la carencia de ellas), se destacó que cada uno de los dibujos sería analizado empleando como guía las pautas provenientes del campo psicológico y más específicamente de los test proyectivos.

Debió aclararse reiteradamente  que no estábamos en una sesión de terapia grupal[v] sino en una clase de Bioética y tras responder a innumerables dudas, fantasías y comentarios infantiles los/as alumnos/as accedieron de buena gana a participar de la propuesta, con una marcada angustia expresada mediante: a) la interrupción de las frases enunciadas por parte del equipo docente, b) incesante sonido de risas o de toses nerviosas, c) comentarios referidos al programa televisivo  “Vulnerables”,  d) disculpas insólitas por “no saber dibujar” o por haber olvidado  “lápiz y  una goma  para que les salga mejor”.  Este tipo de comentarios o excusas si bien pintorescos, permitían bajar la enorme carga de ansiedad que les generaba hacer algo desconocido o para lo cual decían que “no estaban preparados/as”.

Fue incluso halagador notar que frecuentemente quienes el día de la toma del  dibujo se hallaban ausentes concurrían a la clase siguiente o subsiguiente con “los deberes”. Sin embargo, esas tareas realizadas en el hogar fueron desechadas de este análisis por no haber sido resultado del libre ejercicio del inconsciente sino mediatizadas previamente por la transmisión de la consigna y las percepciones de algún/a compañero/a que actuó como transmisor/a, quitándole a esta propuesta la originalidad del impacto.

 

III. Análisis de los datos:

El análisis de los datos se direccionó a reconocer grupos de características diferenciales en función del modo de percibir la relación médico/a-paciente. A tal efecto se aplicó un análisis cualitativo-interpretativo de los dibujos realizados por los/as estudiantes.

El censo consta de 750 dibujos realizados por estudiantes de Abogacía de la UBA, distribuidos del siguiente modo: 419  (56,%) corresponden a mujeres y 331 (44%) a varones. La edad de quienes dibujaron oscila entre los 22 y los 58 años; 447 (60%) tenían entre 20 y 29 años, 198 (26%) entre 30 y 39 años, 93 (12,4%) tenían entre 40 y 49 años y 12 entre 50 y 59 (1,6%) . La toma fue realizada sistemáticamente entre los años 1994 y 2000. Estos datos cuantitativos fueron considerados suplementarios.

Dado el carácter de dispositivo pedagógico otorgado a esta metodología de análisis e interpretación de gráficos, se respetó fielmente la confidencialidad de los datos sin incurrir en hacer públicos frente al auditorio de estudiantes detalles tales como el nombre, la edad o el sexo de sus autores/as que pudiesen identificarlos/as.

En todos los casos se mantuvo esta actitud, excepto cuando quien había hecho un dibujo se reconocía orgullosamente como responsable de la elaboración del mismo,  es decir al exponerse como autor/a se exponía como persona. Para evitar que la circulación de opiniones basadas en juicios de valor se orientara más hacia las personas que hacia su producción “artística” es que se hizo especial hincapié en el sigilo, a modo de aproximación vivencial al concepto de secreto profesional.

 

IV: Interpretación de resultados:

De acuerdo a las representaciones sociales que surgen de los  750 dibujos recogidos, se han conformado tipos, los cuales han sido construidos teóricamente para agrupar a los/as médicos/as según criterios propios surgidos de la interacción consecuente a la  puesta en común de los dibujos.  

Estos criterios estarían determinando el modo de atención que brindan los profesionales (en función de sus condicionamientos ambientales en el ejercicio de la profesión médica) y por ende la relación que entablarán con sus asistidos/as.

 

 

§         Médico/a de consultorio privado: Percibido/a como quien “aprovecha” en horas de la tarde el prestigio obtenido en el hospital público, (en el cual generalmente se desempeña por la mañana) para ejercer la medicina en forma onerosa. Se lo/a identifica con la noción de respeto al paciente, de tiempo de escucha y de diálogo, de conocimiento recíproco entre médico/a y paciente, y de solidez académica. Sin embargo, aparece también un perfil negativo: afán de lucro, ocuparse del paciente en el consultorio y no hacer nada por los pacientes en el hospital.

 

Debido a la equipolencia de los roles, para que un/a médico/a ejerza como tal debe haber un/a paciente que lo/a consulte. En cuanto a los/as pacientes, aquel adagio hipocrático “no hay enfermedades sino enfermos” nos permitiría acceder a un nuevo modo de religiosidad contemporánea[vi], basado en los resultados del análisis del discurso de los/as alumnos/as al interpretar los dibujos:

 

 

 

Debemos ahora indicar cómo se define el otro término que da sentido a esta relación conformada por la díada médico-a/paciente, también conocida como relación clínica (RC) o alianza terapéutica.  ¿En qué circunstancias se da actualmente esa relación?. De acuerdo al material discursivo de los/as estudiantes y recogido en cada uno de los Cursos,  el tipo de relación interpersonal entre estas dos personas ofrece características que permiten inferir un modo de relación poco vinculante entre ambos. Ello se debe a las condiciones en las cuales se desarrolla la consulta[vii], conmoviendo -en ocasiones- las creencias religiosas, éticas y morales, generando un amplio campo de discusión multidisciplinaria (fundamentalmente para la sociología, la filosofía la educación, la medicina, la psicología, la economía, la bioética, el derecho y la antropología) pendiente aún de acuerdos básicos[viii]. Indicaré a continuación algunas de ellas:

1) Tendencia creciente hacia la utilización de tecnologías cada vez más sofisticadas para la obtención de certeza diagnóstica que permita mejorar así la prognosis. La irrupción e interposición del aparataje entre médico/a y paciente ha contribuido a la deshumanización de la practica médica, al privilegiar un modo de interacción impersonal.

2) La interconsulta del paciente con “especialistas” en diversas ramas de la Medicina, provoca un sentimiento difuso respecto de la responsabilidad de cada uno en la toma de decisiones. Para el/la paciente esta sensación de ser revisado/a por cada especialista como una parte y no como un todo, genera incertidumbre, hastío y deseos de suspender esta relación múltiple que le impide reconocer a un/a médico/a  como referente y a los/as sub-especialistas reconocerse como responsables por dicho/a paciente.

3) El sistema de salud publica en América Latina se ha ido pauperizando progresivamente, pero subsiste aún la creencia arraigada de que el modelo paternalista es el apropiado para la población que demanda los servicios asistenciales (especialmente en los médicos que superan los 60 años de edad), considerando que "sus" pacientes no poseen las aptitudes necesarias para participar en la toma de decisiones referidas a su salud.  Pueden visualizarse intentos por cambiar este modelo, de relación médico/a-paciente basada en el paternalismo, los cuales están emergiendo lentamente y con ciertas dificultades o resistencias por parte tanto de sus colegas como de la comunidad a la que asisten, que dista mucho de aceptar como cotidiano este cambio en la actitud profesional.

4) Los sistemas de salud privados son percibidos como empresas médicas fundadas en motivaciones de carácter exclusivamente económico. Se crea entre médico/a y paciente una relación de proveedor-consumidor.

5) Reduccionismo medico, basado en la concepción biologista de la enfermedad. Generalmente una persona concurre a la consulta especiali­zada sólo en aquellos casos en que considera que su salud está deteriorada, es decir que recurre a un/a médico/a a los efectos de ser curado/a de una determinada dolencia, quedando fuera de este contrato la medicina preventiva.

A continuación se detallan los elementos más salientes del análisis de los gráficos:

§         Se relaciona paciente con muriente. Se observan imágenes en las que el paciente está tirado inerte en la camilla y el/la médico/a pareciera ser un/a forense que analiza al occiso/a.

§         El respeto por las diferencias étnicas, culturales y/o religiosas es un reclamo constante evidenciado a través de los globitos de diálogo en los cuales se observan jeroglíficos e imposibilidad de interacción.

 

Discusión

¿Cuál puede ser el sentido de averiguar qué representación social tienen los estudiantes de Abogacía de la materia Bioética sobre los alcances de la relación médico/a-paciente en un momento social en el cual pareciera que las relaciones interpersonales han dejado de ser vinculantes y simplemente  han pasado a convertirse en una mera formalidad?.

La confianza en el prójimo como un mecanismo capaz de sostener vínculos intersubjetivos ha ido cediendo espacio a  la idea de un nivel mínimo de confianza informal como alternativa para concebir la vida económica moderna:

“Aunque más no fuera, la confianza tiene un importante valor pragmático. En un sistema social, la confianza es el lubricante básico y muy eficiente. Un grado adecuado de fe en la palabra de otros nos ahorra una gran cantidad de trastornos. Desafortunadamente no es un bien que se pueda comprar con mucha facilidad. Si se lo tiene que comprar, ello significa que ya se tienen ciertas dudas sobre lo que se está comprando. La confianza y sus valores afines como la lealtad y la veracidad, son ejemplos de lo que los economistas denominarían “externalidades”.  Son bienes, son commodities, tienen un valor económico real y práctico;  incrementan la eficiencia del sistema, permiten producir más bienes o más de cualquier tipo de valores que se tengan en alta estima. Pero su comercialización en el mercado es técnicamente imposible y carente de significado” [ix]

 

En esta globalización de los principios y de las costumbres se ha ido extendiendo gradualmente  la opinión respecto a que los/as médicos/as por temor a las demandas judiciales actúan de modo paternalista y beneficente.  Empero la tradicional medicina paternalista y basada en la beneficencia tiene como elemento básico la confianza mutua entre médico/a y enfermo/a, situación  que debiera llevar a una práctica no defensiva.

Es precisamente la desconfianza del médico/a en el/la  enfermo/a o en su entorno (conocida vulgarmente como la “industria del juicio”)  la base de la tan mentada medicina defensiva.

Entiendo por medicina defensiva al conjunto de conductas desarrolladas por los médicos para evitar las demandas por mala praxis, consistentes en extremar los procedimientos diagnósticos y terapéuticos aún aquellos de escasa efectividad o evitar pacientes de alto riesgo, ocasionando gastos excesivos al sistema de atención y sometiendo al paciente a riesgos evitables.

Históricamente, la medicina defensiva adquiere relevancia en los Estados Unidos en la década del setenta, como consecuencia esperable de la espiral creciente de demandas contra médicos/as. Dichas prácticas defensivas causaron un preocupante crecimiento del gasto en salud, tanto por el énfasis en la utilización de tecnologías para arribar a un diagnóstico como por el aumento de las primas de los seguros, que se tornaron casi imprescindibles para el ejercicio profesional. Algunos estudios calcularon los costos derivados de la medicina defensiva y las conclusiones se utilizaron para lograr reformas legales que pusieran algún tipo de límite a las demandas[x].

El aumento de demandas legales ha producido en forma reactiva el desarrollo de estrategias polimórficas entre los/as médicos/as y otros/as profesionales de la salud, las cuales modifican las prácticas comunes,  pudiendo provocar gastos innecesarios al sistema de atención y al enfermo sin mejorar los resultados clínicos.

Los vertiginosos progresos en el diagnóstico y el tratamiento médico como consecuencia de las innovaciones tecnológicas incorporadas en la práctica médica, han sido acompañados por la implantación de técnicas sofisticadas, algunas de ellas cruentas, mortificantes, intrusivas, frecuentemente muy costosas y  de alta complejidad. Por otro lado, a la par del avance técnico, se han  incrementado el número de demandas por mala praxis médica, como resultado de  la fragilización de la relación entre  médico/a y enfermo/a.  

Clásicamente se ha conocido como relación médico/a-enfermo/a (REM) al encuentro entre esas dos personas. En la actualidad, se utilizan otras denominaciones, dado que la anterior es poco precisa:  en primer lugar, porque el/la médico/a no es el/la único/a sanitarista existente, y la relación puede establecerse con cualquier tipo de profesional de la salud.  Por otra parte, tampoco quien concurre a la consulta debe ser necesariamente un/a enfermo/a. 

El objeto de cualquier  consulta es, precisamente, determinar si el/la consultante está o no enfermo/a.  De ahí que también los/as sanos/as puedan tomar parte en esa relación (especialmente en todo lo referente a prevención primaria de la salud).  Esto ha hecho que se sustituyera el término de  enfermo/a por el más genérico de paciente.  Pero tampoco ese vocablo parece del todo idóneo, ya que coloca al paciente en una situación meramente pasiva, frente al papel activo del médico/a. 

El contenido que se le atribuye socialmente a la noción de ‘paciente´ trasciende el mero marco etimológico (patiens y pathos), constituyéndose como quien debe tener paciencia en la cura, en una actitud de espera pasiva y de infinita esperanza, las que serán satisfechas  por el saber médico y/o por la tecnología disponible.

Otros posibles términos son los de “usuario”, “cliente” o “consumidor”.  Ninguno ha conseguido una aceptación general y están más vinculados a los avatares de la desregulación de la prestación de servicios sanitarios que a un vínculo intersubjetivo.  De ahí que cada vez se tienda más a llamarla simplemente «relación clínica» (RC), sin especificar el carácter de los términos de la díada, que puede ser muy distinto en diferentes momentos de la relación.

 

A modo de conclusión ¿temporaria?

Tanto sea a nivel discursivo como desde el plano inconsciente –mediante el análisis de  los dibujos- se verifica que los/as estudiantes analizados/as enfatizan los valores humanos por sobre las calificaciones técnicas, las cuales no se perciben como imprescindibles a la hora de definir el ideal del buen médico.   Ese ideal choca contra el modelo real de médico/a (aquel/la “de carne y hueso”) ya que la díada médico/a-paciente no siempre involucra una relación interpersonal entre ambos/as y en algunos casos siquiera implica una relación, excepto  la de ocupar el mismo espacio físico.

Resulta de interés hacer notar que las ideas de sacerdocio, filantropía, apostolado, caridad, desapego por el dinero resultan fundamentalmente asociadas al estereotipo del "buen médico". Ellas poseen una carga axiológica de raigambre moral y religiosa, siendo fuertemente valoradas como atributos ineludibles para el ejercicio profesional de la Medicina.

La escucha médica (cargada de atención flotante para indagar en aquello que se dice y en todo aquello que no se dice con palabras pero el/la paciente verbaliza mediante síntomas clínicos) base de la confianza mutua se ve dificultada frente a la tendencia de “estar conectado con el mundo sin salir de la casa” (Internet, teleconferencias, delivery)

La incorporación sistemática de una tecnología impersonal y deshumanizante  en detrimento de un vínculo dialógico médico/a-enfermo/a, reduce los momentos de intersubjetividad y desaparecen así las variables socio-.antropológicas del análisis contextual en que se desarrolla una enfermedad, la professio[xi] se apoya en la tecnología; sin embargo debido a la presión social y al deseo de acceder a una salud equitativa, genera paradójicamente que los/as mismos/as padecientes y sus familiares exijan para sí que les sean  prescriptas dichas prácticas  de alta complejidad porque caso contrario aducen sentirse  como “pacientes de 2ª categoría”.

Asimismo, el gradual reconocimiento del paciente como agente moral, es decir, responsable en la atención de su salud, capaz de saber y decidir, han ido modificando los cánones de la tradicional relación médico/a-paciente (asimétrica, vertical y paternalista, cuando no autoritaria y deshumanizante) a partir de la aparición de numerosas Cartas y Declaraciones de Derechos del Paciente y del fortalecimiento de la noción de ciudadanía social.

Los/as médicos/as se enfrentan cruelmente a una justicia distributiva escasamente justa a la hora de asistir a “sus pacientes” en un hospital público y muchas de las demandas por mala praxis obedecen a negligencia, imprudencia o impericia causada fundamentalmente por carencia de recursos sanitarios básicos o a los daños provocados mediante terapéuticas aplicadas en pacientes ingresados por  urgencia

La medicina tecnológica altera la  relación clínica en la fase de elaboración del diagnóstico, y en el mismo sentido, desvirtúa el acto terapéutico.  El/la verdadero/a médico/a no es visto como aquel/la que cuida al paciente, sino quien cura “cómo sea” la enfermedad, es decir “con todo el arsenal disponible” . 

El encuentro del equilibrio para que la Medicina Moderna logre promover nuevamente la aproximación entre médico/a y enfermo/a está aún por llegar y todavía parece lejano. La intromisión de la tecnología en la relación clínica es tan grande y profunda que los/as protagonistas ni siquiera se re-conocen;  y si no hubo un conocimiento profundo entre ambos -y carecen el/la enfermo/a  de valoración y de entidad en tanto persona  y el/la médico/a de reconocimiento profesional-  es casi obvio que la gente crea mágicamente en la tecnología como “garantía  para postergar su deterioro psico-físico  y/o su muerte.

Si Potter (1970) concibió  a la Bioética como "un puente hacia el futuro"[xii] y aquel futuro es hoy un presente globalizado que se caracteriza  por ciertos patrones de conductas tales como:  la competitividad exacerbada, el exitismo y la ambición de dinero y/o de poder desmedida, las que tienen como sustentos basales:  la pérdida del afecto en los vínculos intersubjetivos, el  individualismo extremo y la hipercompetitividad, entonces se corre el riesgo social  que dichas conductas -al ser aceptadas como habituales,  al igual que cierto tipo de sustancias psicoactivas- comiencen a generar tolerancia.

En este contexto sería importante reflexionar acerca de los vínculos o las desvinculaciones, del afecto o de la neutralidad de los sentimientos y de la importancia de un diálogo que vehiculice un consentimiento libre e informado, ya  que tanto el/la  médico/a como el/la enfermo/a y su entorno se encuentran inmersos en una realidad social del  “sálvese quien pueda”.

Los dibujos recopilados hasta la fecha permiten dar cuenta de un notable posicionamiento subjetivo y objetivo de los/as estudiantes de Abogacía frente a la irrupción desmesurada de la “industria del juicio” por mala praxis como posibilidad  cierta de inserción profesional y de conseguir un juicio que les permita “salvarse de por vida”.

Si el lema de Alma Ata “salud para todos en el año 2000”[xiii] continúa siendo una utopía[xiv],  sólo un replanteo ético que contemple como pilares a la solidaridad y a la no exclusión permitirá que no haya salvaciones individuales sino soluciones colectivas en el campo de la salud pública.

 

Notas:

 

[i] Weller, S. I 1996: “Los jóvenes y el SIDA”. Un enfoque epidemiológico atento a la subjetividad (UBACYT. Secretaría  de Investigaciones. Facultad de Psicología-UBA).

[ii] Citado por Mackinson, G. J. 1987: Sociología del Poder Judicial. (Buenos Aires: EDS. p. 56)

[iii]  La tradicional Medicina paternalista y basada en la beneficencia tiene como elemento básico la confianza mutua entre médico/a y enfermo/a, situación  que debiera llevar a una práctica no defensiva. Es precisamente la desconfianza del médico/a en el/la  enfermo/a o en su entorno (conocida vulgarmente como la “industria del juicio”).

[iv] La Cátedra de Bioética estaba compuesta por su Profesora Titular (Socióloga Jurídica), tres abogadas: una especialista en estudios de género, otra en salud mental y la tercera miembro del Poder Judicial), un abogado “raso”  y por una sanitarista especialista en bioética. Esta conformación interdisciplinaria, pluripartidaria y multirreligiosa ha permitido a lo largo de los años una mirada no discriminatoria del fenómeno bioético.

[v] Al activarse miedos o nudos de la historia personal,  se  requiere de una contención psicológica para evitar desbordes emocionales (en caso que los hubiere). Los días destinados a analizar los dibujos se contó con la presencia de un psicólogo y de la psicopedagoga de la cátedra. 

[vi] Sorokin, P.: 1er. Congreso Venezolano de Bioética. 1er. Congreso Iberoamericano de Bioética. Universidad Católica "Andrés Bello". Caracas, 6 al 9 de febrero 2001

[vii] Lavados, M y Serani, A 1993: Etica clínica: Fundamentos y Aplicaciones. (Santiago de Chile. Ed. Universidad Católica de Chile. Colección Textos Universitarios. p.  348).

[viii] Sorokin, P: Acerca del consentimiento informado en los test gráficos de figura humana . En Bioética y Derecho: un análisis socio-jurídico. DE 045. Programación Científica UBA 1994/97.

[ix] Arrow, K 1974: The limits of organization. (New York. Norton. p. 23).

[x] Blanco M.R 1993: Temas de Responsabilidad Médica por Mala Praxis. (Buenos Aires. Ed. Akadia.  p. 1-10).

[xi] Para Gracia, D.  el médico es entendido como un agente social, cuyo rol consiste en cuidar de la salud de los miembros de un grupo humano. Este “reconocimiento” o “ratificación” generalizada ha querido significar en sus  orígenes el término latino professio: “profesar” o “confesar”  públicamente a alguien, pudiendo ser profesional tanto un  médico como un sacerdote o un obispo.

[xii] Van Rensselaer Potter, médico onc6logo,  vuelca su preocupación por la tecnologización de la medicina, por sobre las técnicas biológicas, y concibe la necesidad de no perder de vista la tarea humanitaria de la medicina y la importancia  de pensar en las personas por sobre todas las cosas.

[xiii] Consideramos que el acceso a un trabajo remunerado es también un modo de tender a alcanzar el  tan proclamado estado de salud bio-psico-social.

[xiv] En tiempos socio-históricos signados por la desesperanza,  la falta de proyectos aglutinantes tanto sean individuales o colectivos, la  escasez de ídolos y/o de figuras representativas y por la  incertidumbre de futuro.

 

In Memoriam Prof. Dra. Gladys J. Mackinson.