EL FALSO NOMBRE

por Rodolfo Sebastián Zotto

 

“Si (como el griego afirma en el Cratilo)

el nombre es arquetipo de la cosa,

en las letras de la rosa está la rosa

y todo el Nilo en la palabra Nilo”

Borges

 

“Dadle una máscara

 y dirá la verdad”.

Wilde

 

§ 1 Introducción:

 

Una de las primeras heteroconstrucciones[1] a las que se debe enfrentar el ser humano en los comienzos de su vida, es a la designación que simboliza su existencia (nombre), que por supuesto no será elegida por él.

Y aquí comienzan los problemas: Al momento de registrarla se puede mencionar que ésta no esté contenida en la salvedad del artículo 3 de la ley 18.248 y sea “permitida”,

En la infancia puede ser que al niño “no le guste” el nombre que le han puesto, en homenaje a un bisabuelo, o tatarabuelo o a ambos al mismo tiempo.

El nombre que identifica a la persona fue concebido en un país extranjero con un significado que en el nuestro puede dar motivos a burlas, como también la misma unión de las últimas letras del prenombre con las del apellido o bien al anexar el apellido de casada.

Como ejemplo  podemos mencionar: Annus Hanako Hibino (Brasil) Burdelio Maldonado (España) Concha Misas de Naranjo (Colombia) Conchita de Oro Pulido (España) Dolores Guasca Colorado (Colombia) Lastenia Grande (Colombia), Mearia de Rodríguez (Paraguay), Menelo Jiménez (Paraguay), Pelusa de Abajo (Argentina), Pura Concha Alliaga (Uruguay), Purita de Arrea (México), Raúl Lucio Coito (Brasil), Sacadura Cabral (Brasil) Sansão Vagina (Brasil), Santiago Norrea (Colombia)[2].  

Puede suceder que alguien quiera cambiar su apellido por el de su padre adoptivo o la persona que lo crió (como el caso de los jugadores de fútbol Walter Samuel y Bruno Marioni) o incluso utilizar el seudónimo de su padre como apellido, en vez del que fuera otorgado por su progenitor en la filiación.

En algunos casos puede suceder que una persona desee llevar un nombre que lo identifique con el otro sexo (por ejemplo la transexual Mariela Muñoz).

El tener un nombre que identifique a la persona con determinadas condiciones políticas, sociales o religiosas a veces puede ser un problema.

Una alternativa para solucionar estos dilemas, al menos momentáneamente, puede ser la utilización del seudónimo (autoconstruido) en reemplazo del nombre (heteroconstruido).

Este humilde trabajo parte de conceptos elaborados por excelentes autores de la doctrina jurídica argentina posteriores a la ley 18.248. Se utilizan comparaciones entre los distintos institutos de derecho civil que denominan a las personas e intenta describir algunos de los usos, como se lo protege y las ventajas de reemplazar al verdadero nombre por uno falso.

 

 

§ 2 El nombre

 

El nombre de la persona será repetido por el sujeto cientos de miles de veces, durante el transcurso de su vida. Será su marca distintiva y al mismo tiempo se convertirá en parte fundamental de su ser, en la estructura de su personalidad[3].

Ésta designación de la persona, muchas veces es elegida de una manera superficial, sin pensar que la persona compartirá todos los momentos de su vida con ella, sin interesar la profesión que elija, el país donde le toque vivir, o como lo llamen el resto de las personas[4].

Para poder hablar de un nombre falso es necesario definir al verdadero. La doctrina mayoritaria considera al nombre como un atributo de la personalidad y, a la vez, una institución de derecho civil[5] y quizá sea este el más importante de los elementos de personificación del hombre para individualizarlo[6]. Cifuentes lo define como “el conjunto de palabras que muestran a alguien personal y distinto frente a los demás, atributo que junto con los otros conforman la persona en su unidad sustancial”[7]. Para Rivera es el medio de identificación de las personas dentro de la sociedad[8]. Ghersi opina que proteger jurídicamente al nombre es un derecho personalísimo e inalienable de la persona humana, pues atañe a su dignidad, la de su familia etcétera[9]. Finalmente,  para Rabinovich-Berkman, el nombre es un  dato personal y es la simbolización de la autoconstrucción del existente que representa[10].

Pliner menciona como elementos necesarios del nombre al prenombre y al apellido y como accesorios o circunstanciales al sobrenombre, apodo, “alias”, títulos de nobleza, nombre de religión y seudónimo.[11]

 

§ 3 El seudónimo

 

Seudónimo es una palabra que deriva del griego pseudónymos, de pseudés, falso, y ónoma, nombre.[12] Cuando una persona se designa a sí misma con un nombre distinto al suyo verdadero, ya sea para ocultar su verdadera personalidad o darle realce en el ejercicio de una actividad especial está utilizando un seudónimo, que puede formarse con un nombre y apellido, con un prenombre exclusivamente o con una denominación de fantasía[13], e inclusive con un apellido solamente[14]; por ejemplo: Mirta Legrand, Marcelo Araujo, Quino, Tato Bores, Woody Allen, Brigitte Bardot Marilyn Monroe incluso autores de la doctrina jurídica como Próculo y Nerva entre otros.

Este seudónimo posee una función similar al nombre que es la de identificarlo como sujeto en la sociedad[15], y cuando reviste una importancia similar a la del nombre, adquiriendo notoriedad, goza de la tutela del nombre (art. 23 ley 18.248).

Pliner expresa que el seudónimo no es siempre una forma de ocultar su personalidad, sino más bien de escindirla[16].

 

§ 4 Comparación del seudónimo con el nombre        

y con otros ELEMENTOS QUE participan

de la naturaleza jurídica de éste

 

a) Con el nombre:

* El artículo primero de la ley 18.248 expresa que toda persona tiene el derecho y el deber de usar nombre y apellido mientras que la utilización del seudónimo no es obligatoria.

* El nombre, salvo las excepciones, de los artículos 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14 y 15 de la ley 18.248 es inmutable o estable; en cambio el seudónimo puede ser cambiado, modificado e incluso suprimido.

* El nombre se adquiere y se transmite por la filiación, en tanto el seudónimo es adquirido mediante un acto voluntario y no se transmite por filiación, salvo el caso del seudónimo como apellido.

* El nombre es inalienable, e imprescriptible, mientras que el seudónimo puede ser cedido a un tercero, y un prolongado no uso puede dar lugar a que lo adquiera otra persona que lo utiliza como suyo[17].

* El nombre es único porque no se puede designar de distintas maneras a una misma persona[18]; en cambio una persona puede tener varios seudónimos.

* El nombre cumple una función individualizadora en las relaciones del portador con el estado, cosa que no sucede con el seudónimo[19].

* El nombre se registra en el registro civil de las personas y, facultativamente, también en el registro de la propiedad intelectual, mientras que el seudónimo sólo puede ser registrado en el último.

* El nombre identifica a las personas en todas las actividades que desarrollan en la sociedad; el seudónimo, en principio sólo tiene eficacia jurídica en el ámbito de las relaciones para las cuales ha sido elegido[20].

b) Con el sobrenombre o apodo:

* El sobrenombre o apodo es una designación que simboliza una construcción de la persona por terceros que generalmente son personas cercanas a esta, ya sean familiares o amigos. El seudónimo es una designación voluntaria (autoconstrucción) que la persona se da a sí misma para ser identificado por los demás.

* El sobrenombre o apodo, salvo cuando con el se identifica de una manera indudable el beneficiario de una disposición testamentaria, no tiene, por regla general, ninguna eficacia jurídica, no así el seudónimo que puede ser hábil para identificar al sujeto portador en la celebración de actos jurídicos y goza de la tutela del nombre cuando hubiere adquirido notoriedad[21].

c) Con el anónimo:

* El anónimo es la supresión de un nombre sin reemplazarlo por designación alguna, distinguiéndose del seudónimo que reemplaza con una designación al nombre que se está omitiendo.

* La adquisición de un seudónimo implica un hecho activo o positivo mientras que el anonimato significa una mera omisión[22].

*Nuestra legislación vigente protege la propiedad intelectual del autor que utiliza un seudónimo con un plazo de 70 años contados desde el 1de enero del año siguiente a la muerte del autor, en cambio a la propiedad del autor anónimo la protege hasta 50 años contados desde el 1 de enero del año siguiente a la fecha de su publicación.

* Finalmente, Villalba, encuentra como similitud que el seudónimo puede cumplir la función de identificar a la persona como también la de mantenerla “anónima”, lo que condice con la etimología de las palabras: falso nombre y sin nombre[23].

 

§ 5 Distintos usos del seudónimo en la historia

 

Ya desde tiempos lejanos se utilizaban seudónimos en reemplazo del nombre para autoconstruirse en los demás, en actividades vinculadas con la literatura, política, ciencia, etcétera. Como Aristocles Arístides (Platón) y Homero, al parecer, era un seudónimo, derivado de la raíz -M -R, que en las lenguas semíticas evoca el hablar o recitar[24].

Significativo y notable es el cambio de nombre de Simón en el bautismo nominal efectuado por Jesús, que lo convirtió en Pedro[25].

El primer Papa que fue obligado por el Consejo de Cardenales a cambiar su nombre tenía uno por demás extraño y poco espiritual: Boca de Porco, quién se convirtió en Sergio II en el año 844 d. C. Y a partir de allí quedó reafirmada la costumbre[26].

Se lo utilizaba como nombre de guerra, que adquiría el titular para el desarrollo de actividades militares y hoy en día se lo considera virtualmente desaparecido[27]. Los lideres guerrilleros y terroristas suelen adoptar ese mismo patrón (y se lee en las noticias de todos los días).

 También suele considerarse como seudónimo el nombre monacal o monástico que consiste en un prenombre que sustituye al nombre civil a los efectos de la vida religiosa[28].

En la política es prácticamente imposible enumerar quienes han sido todos los que utilizaron seudónimos, pero muchos de ellos luego de transformar su nombre fueron conocidos líderes políticos. Vladimir Illitch Oulianov, Iossif Vissarionovitch Djougatchvili y Lev Davidovith Bronstein son nada más y nada menos que Lenin, Stalin y Trotsky[29].

“El uso de los seudónimos fue una respuesta de los escritores y periodistas que debían multiplicar sus colaboraciones en medios sin repetir su verdadero nombre”, explica Monsiváis[30].

 

§ 6 Nuestra jurisprudencia

 

Ya desde 1938 en un fallo (Cciv. 1ª Cap, 22/3/38, LL, 9-935.) se estableció que el derecho al seudónimo participa de la naturaleza jurídica del nombre y que su usurpación constituye un delito y una trasgresión de carácter civil que obliga a reparar el daño causado por el hecho ilícito, y consideró que “apoderarse del título de una obra intelectual puede tener un propósito literario o artístico; usurpar un seudónimo sólo puede tener por objeto la sordidez de una especulación pecuniaria”[31].

En otro fallo (CNCiv, Sala C, 22/12/88, LL, 1989-C-1) se dijo que “Si bien el art. 3, párrafo último, de la ley 11.723 permite efectuar la registración del seudónimo el art. 23 de la ley 18.248 exige, para obtener la protección del derecho, el requisito de la notoriedad. Por ello se ha considerado que ese uso notorio es el que confiere al portador del seudónimo dicha titularidad”[32].

En otra oportunidad, debido al reclamo del humorista Juan Carlos Colombres (Landrú) al comercio “La Taberna de Landrú” para que cesen de utilizar y abonen daños y perjuicios, jueces de primera y segunda instancia rechazaron la demanda y expresaron que no puede darse al seudónimo la jerarquía del nombre, e investirlo de atributos de éste, por cuanto la ley asigna un ámbito de protección propio y específico para el cual ha sido creado y es usado; por ello sostuvo que no cabe su asimilación lisa y llana con el nombre[33].

También la jurisprudencia (CSJN, 10/7/75, ED, 64-110) ha admitido el uso cómo seudónimo de un diminutivo o apodo de una persona, al considerar que su utilización no implica la creación de una designación hasta el momento inexistente para denominar a una persona, sino simplemente la utilización de la expresión identificatoria en la actividad desempeñada, por lo que el empleo de un nombre común como seudónimo no constituye un obstáculo para su protección[34].

 

§ 7 La protección del seudónimo

 

Si el seudónimo que pertenece a una persona fuese empleado por otra para su propia designación, esta podrá ser demandada para que cese en el uso indebido, sin perjuicio de la reparación de los daños, si los hubiese y también cuando fuere utilizado maliciosamente para la designación de cosas o personajes de fantasía y causare perjuicio alguno, ya sea material o moral, se podrá demandar el cese del uso y la indemnización de los daños. En ambos casos, el juez podrá imponer las sanciones que autoriza el art. 666 bis del Cód. Civil. (Esto se deduce de extensión al seudónimo, según art. 23 de la ley 18.248, a la aplicación del art.21 de la misma ley sobre la protección del nombre).

Las acciones tutelares del nombre, en la ley 18.248, que se aplican al seudónimo son: a) La acción de reclamación o reconocimiento de nombre (art. 20). b) La acción de impugnación, contestación o usurpación de nombre (art. 21 1º párrafo). c) La acción de supresión de uso impropio de nombre, también llamada de uso ilícito impropio o de defensa del buen  nombre (art. 21 2º párrafo)[35].

Con anterioridad a la ley de nombre de las personas naturales 18.248 (B.O. 24/6/1969) ya se protegía al seudónimo en la ley de propiedad intelectual 11.723 (B.O. 30/9/1933), en el artículo 3, otorga la posibilidad a aquellos autores que empleen seudónimos de registrarlos y de este modo adquirir la propiedad de los mismos. Al editor de una obra anónima o seudónima le corresponderá con relación a ella los derechos y obligaciones del autor, quién podrá recabarlos para sí, justificando su personalidad.

Se debe hacer una distinción entre la obra anónima, en la cual existe una decisión del autor en esconderse en el anonimato, de aquella en la que el autor no se puede conocer por haberse “perdido” el nombre en la historia, que dice ser de un autor non noto, o abreviadamente NN, como suele ser el caso de las obras folclóricas en general[36].

“La propiedad intelectual de las obras les corresponde a los autores durante su vida y a sus herederos o derechohabientes hasta setenta años contados a partir del 1 de enero del año siguiente a la muerte del autor”. Expresa el  1er párrafo del artículo 5 de la ley 11.732.

La protección de las obras anónimas se rige por normas especiales en lo que respecta a su duración. Dura 50 años contados desde el 1 de enero del año siguiente a su publicación ya que el autor opta por permanecer desconocido y por ello la obra se divulga sin indicar su nombre. esto hace imposible iniciar la cuenta de la vigencia temporal a partir de la muerte del autor, por lo que se aplica la solución del artículo 8 de la ley 11.723[37].

 

§ 8 El seudónimo como apellido

 

Las situaciones mencionadas en parágrafos anteriores impulsan al sujeto a utilizar un seudónimo, pero el uso del seudónimo por este, puede generar que sus descendientes quieran utilizar el seudónimo como apellido propio; tanto sustituyendo al verdadero como anexándolo.

Si bien el nombre en principio es inmutable, la ley otorga la posibilidad de autorizar su cambio cuando median motivos para ello. El uso prolongado posee idoneidad para reforzar la causa en que se fundamenta el pedido de cambio, en aquellos supuestos en que la persona es públicamente conocida por aquél.

Un individuo puede peticionar usar un seudónimo como apellido, cuando su padre lo haya utilizado en forma extensa y fuere públicamente conocido durante largos años en su esfera de actividades. Parece lógico que su hijo que resultara igualmente identificado de esa forma, en ese mismo medio y que, por esa causa, haya continuado el uso del seudónimo en el ámbito personal y profesional, a punto de que el resto de la sociedad identifique al seudónimo como el verdadero apellido del peticionante[38].

Bagate dedica una de sus tantas obras a sus hijos, a los hijos de sus hijos y a toda su descendencia. En ella explica que todas sus obras llevan el seudónimo Bagate y les cuenta una pequeña historia familiar en la que un niño huérfano (su abuelo) era ciertamente callejero y cuando se escapaba de casa, su madre de crianza llamaba a gritos al cuidadero y le decía “anda a ver a ese badulaque y tráelo acá”.

El celoso encargado salía prestamente y al poco tiempo regresaba con su detenido y a grandes voces decía “señora acá está el bagate”.

El guardián era corregido inmediatamente, pero desgraciadamente no aprendía, y al referirse al menor lo llamaba bagate, en vez de badulaque.

Sus amiguitos del barrio escuchaban que el guardián le decía bagate y ellos dejaron de llamarlo por su nombre.

Ya de mozo, todavía conservando el apelativo bagate, comenzó a destacarse en joyería, orfebrería en oro y plata y su prestigio y honradez hicieron eco y por esa razón es contratado para hacer las custodias de las Catedrales de Cajamarca, Trujillo y Piura. Para entonces nadie conocía a tan prestigioso joyero por su apellido o su nombre, sino que le decían Maestro Bagate.

Al morir, su hijo hereda no sólo el oficio sino la fama y el prestigio a la par que el apelativo Bagate y en adelante nadie los llamó por su apellido materno o paterno, sino los Bagates.

Al finalizar esta pequeña historia, queda una secuela que es la del seudónimo con la que no sólo es identificado el narrador, sino que también comprueba que a sus propios hijos también los llaman Bagates, y finaliza con la esperanza de que alguno de estos sea pintor y al final de su trabajo firmen Bagate (hijo) o (nieto) o quizás (biznieto) [39].

 

§ 9 ¿Para qué utilizar un seudónimo?

 

Los medios masivos de comunicación en la actualidad permiten la llegada continua y permanente de manifestaciones artísticas, en donde suele utilizarse el nombre de “reclame” o nombre artístico, que es una forma difundida de seudónimo[40].

En los países del Golfo Pérsico es utilizado por escritoras para ocultarse y de esta manera poder expresarse con libertad de sus sentimientos o sus opiniones sobre la sociedad.

Los escritos van de la vida política a los poemas de amor, pasando por la denuncia de la hipocresía de los hombres y de la diferencia entre su vida pública y su comportamiento en casa.

Las mujeres que publican regularmente en los Emiratos Arabes Unidos adoptan a menudo nombres extraños como “Eco de los suspiros” o “Música eterna”, o se esconden tras descripciones del tipo “Una joven de Dubai”.

En Watar los diarios abren sus columnas a escritoras con seudónimos como “Eco de las privaciones”, “Mujer de la sombra” o “Tristeza”.  En tanto, en Kuwait es célebre por sus artículos la “Mujer de la máscara” (la burkah, mascara negra utilizada por las mujeres de la religión).

“Mi situación familiar me impide proclamar mi nombre”, dice Mayssum al Jalidi, seudónimo tras el cual se oculta una mujer perteneciente a una gran familia de los Emiratos que publica en la prensa nacional.

Tengo mucha suerte, porque todos mis hermanos saben que publico e incluso uno de ellos discute conmigo mis artículos. Pero mi madre, a la que adoro, no sabe que escribo”, dice.

“A veces lee mis artículos sin saber que son míos, y los aprecia, pero no toleraría que su hija fuera escritora”, agrega Mayssun, quien espera publicar algún día su verdadero nombre: “escribir en la oscuridad es como ser ciega”, afirma[41].

“Un seudónimo, por transparente que sea, cumple una función liberadora. Y es seudónimo de X; en principio, no hay motivo para suponer que las opiniones y el estilo de Y, sean las opiniones y el estilo de X. Cuando firma Y, X ya no es el pequeño dios, infalible e inobjetable, a quien la vanidad reduce a la impotencia; ya no es el pequeño caballero a quien todos ponderamos; ya no es el autor cuidadoso de su prestigio; es un pensamiento sin más que la verdad, es un texto solo”[42].

Para obtener una mejor remuneración en el trabajo que se ha encomendado, muy oportunos son los elogios de la labor. Por supuesto que si lo hace un tercero es mucho mejor visto que si se hace por si mismo. De  aquí surge la posibilidad de utilizar un falso nombre o esconderse en el anonimato con ese fin.

En 1863 se había sancionado la ley que daría creación a nuestro Código Civil. Después de más de un año, en un artículo en el diario El Nacional, se cuestionaba la insignificancia de la remuneración con que se iba a retribuir ese trabajo. “¿En cuanto tiempo se hará un buen Código Civil? Pensamos que tres o cuatro años apenas bastarían. ¿Y eso se hace por siete mil pesos?” se preguntaba el articulista que no había firmado.

Chánetón atribuye la paternidad de éste artículo a Vélez Sársfield y dice que si no fue escrito por él fue “dictado”. Explica que las ideas son características de Vélez y las alusiones que contiene se refieren a episodios de su vida.

El artículo continuaba diciendo “Vendría después la discusión en las cámaras; discusiones en las que no sólo se discute el código, sino el autor también. El pobre baratillero fabricador de códigos por siete milpesos tendría que asistir a las comisiones de las cámaras y aun a la prensa a defender su obra. ¡Cuántas desazones en semejante tarea!” .

Esta era , exactamente la crónica de lo que a Vélez le ocurrió cuando redactó el Código de Comercio, del que es coautor. Si el autor de éste artículo hubiera sido otro que Vélez, no necesitaba hacer la referencia en esa forma impersonal y vaga, restando eficacia al argumento[43].

Puede utilizarse también el seudónimo como nombre social[44], ya que este atributo de individualización es necesario tanto para las personas físicas como para las jurídicas, y en consecuencia, requisito esencial que deben contener los estatutos o contratos sociales de ellas.[45]

En el ámbito del derecho comercial es común usar al seudónimo como marca o nombre comercial.

Algunos concursos, ponencias o exámenes  requieren de los participantes una designación distinta al nombre. Esto garantiza imparcialidad al momento de evaluar.

Por ejemplo: En la primera página del trabajo se consigna un seudónimo. Asimismo, como constancia de recepción del trabajo, se presenta una hoja con el título de la investigación y el seudónimo del autor, la misma que será devuelta al concursante. Este entrega un sobre cerrado rotulado con el seudónimo, indicando además, cada uno de los documentos que está incluyendo en el sobre para su posterior confirmación de identidad[46].

Haber nacido con un sexo distinto al actual, suele provocar problemas con el nombre, ya que al momento del nacimiento, al sujeto se lo heteroconstruye con un nombre que lo distingue sexualmente ante la sociedad. La utilización de un seudónimo importaría una autoconstrucción que evitaría poner una marca en los transexuales.

Rabinovich-Berkman cuenta que al pasar lista en una primera clase de la facultad, una alumna sobraba. «¿Usted está anotada en este curso?», le preguntó. «Si, después le explico», fue la respuesta. Más tarde: con infinito rubor, le explicó que había nacido como hombre, y en consecuencia estaba inscripta con nombre masculino (al que él había puesto “ausente”, pues nadie había respondido). Cuando le ofreció llamarla por su seudónimo femenino, experimentó un alivio indescriptible. Y concluye con la reflexión “Un sistema jurídico que no sirve para conducir a la felicidad, no sirve para nada”[47].

Por último, el más reciente de los usos es el de identificación en los sitios de Internet.

 

§ 10 El seudónimo en Internet

 

En la red de redes el seudónimo es también conocido como ID de usuario, usuario (solamente), nickname, alias y apodo.

Navegando en Internet el seudónimo se torna una herramienta muy común que se utiliza constantemente e incluso puede convertirse en algo imprescindible, ya que hay páginas y programas que no admiten que uno los usufructúe sin utilizar un seudónimo que, obligatoriamente, debe ser distinto al nombre que se menciona como propio.

Con el seudónimo que uno elija, será conocido e identificado por donde se encuentre cibertransitando. Por lo general el seudónimo que uno elige revela datos de la personalidad de quien lo porta, así como si el seudónimo es Darth Vader, podemos suponer que se trata de un aficionado a de las películas de “La guerra de las galaxias”.

La individualidad del seudónimo dentro de los sitios es absoluta ya que mientras uno esté empleándolo ningún otro usuario podrá registrarse con este. De allí que muchas páginas recomienden el uso de seudónimos originales o incluyan la posibilidad de ingresar uno alternativo.

Cuando uno entra al ciberespacio es muy fácil de adquirir una máscara y transformarse en Mr. Hyde. El sujeto se cansa de ser Clark Kent y quiere convertirse en Superman tiene la posibilidad de recurrir a una de las tantas salas de chat que pululan por la red de redes, cambiar de nombre, sexo, profesión, nivel social, nacionalidad etcétera es una tarea fácil.

El cibernavegante vive orgiásticamente cuantas vidas virtuales se le ocurre, escudándose en el alias que se imagine, en el desayuno por la mañana, en una de sus tantas mutaciones.

 



[1] Utilizo las categorías de Rabinovich-Berkman, Ricardo D., Derecho civil parte general, Bs. As., Astrea, 2000, p 23 a 29.

[2] Nasta, José D.,  ¿Cómo dijo que se llama?, Bs. As., Planeta, 1994, p 146.

[3] Nasta, José D.,  ¿Cómo dijo que se llama?, Bs. As., Planeta, 1994, p 45.

[4] Nasta, José D.,  ¿Cómo dijo que se llama?, Bs. As., Planeta, 1994, p 46.

[5] CNCiv., sala C, 30-12-1999, ED, 187-562.

[6] Cifuentes Santos, Elementos de derecho civil parte general, 4ta edición, Bs. As., Astrea, 1977, p 159.

[7] Cifuentes Santos, Elementos de derecho civil parte general, 4ta edición, Bs. As., Astrea, 1977, p 160.

[8]Belluscio, Augusto C.  (Dir.) – Zannoni, Eduardo (Coord.), Código Civil y leyes complementarias. Comentado, anotado y concordado, tomo I, Bs. As., Astrea, 1993, p 359.

[9] Ghersi, Carlos A., Derecho civil parte general, 2da edición, Bs. As., Astrea, 1999, p183.

[10]  Rabinovich-Berkman, Ricardo D., Derecho civil parte general, Bs. As., Astrea, 2000, p 441.

[11] Pliner, Adolfo, El nombre de las personas, Bs. As., Astrea, 1989, p 47 a 49. 

[12] Diccionario enciclopédico Clarín, Bs. As., Arte gráfica Editorial, 1997, p 704.

[13] Rivera, Julio C., El nombre en los derechos civil y comercial, Bs. As., Astrea, 1977, p 91.

[14] Rivera, Julio C., El nombre en los derechos civil y comercial, Bs. As., Astrea, 1977, p 92.

[15] Belluscio, Augusto C.  (Dir.) – Zannoni, Eduardo (Coord.), Código Civil y leyes complementarias. Comentado, anotado y concordado, tomo I, Bs. As., Astrea, 1993, p 403.

[16] Pliner, Adolfo, El nombre de las personas, Bs. As., Astrea, 1989, p 49.

[17] Belluscio, Augusto C.  (Dir.) – Zannoni, Eduardo (Coord.), Código Civil y leyes complementarias. Comentado, anotado y concordado, tomo I, Bs. As., Astrea, 1993, p 403.

[18] Cifuentes Santos, Elementos de derecho civil parte general, 4ta edición, Bs. As., Astrea, 1977, p 162.

[19] Rivera, Julio C., La tutela del seudónimo, ED, 56-818.

[20] Rivera, Julio C., La tutela del seudónimo, ED, 56-814.

[21] Belluscio, Augusto C.  (Dir.) – Zannoni, Eduardo (Coord.), Código Civil y leyes complementarias. Comentado, anotado y concordado, tomo I, Bs. As., Astrea, 1993, p 403.

[22] Rivera, Julio C., El nombre en los derechos civil y comercial, Bs. As., Astrea, 1977, p 92.

[23] Villalba, Carlos A., El derecho al seudónimo, LL, (1989-C-3).

 

[24] Rabinovich-Berkman, Ricardo D., Derecho civil parte general, Bs. As., Astrea, 2000, p 452.

[25] Nasta, José D.,  ¿Cómo dijo que se llama?, Bs. As., Planeta, 1994, p 54.

[26] Nasta, José D.,  ¿Cómo dijo que se llama?, Bs. As., Planeta, 1994, p 55.

[27] Rivera, Julio C., El nombre en los derechos civil y comercial, Bs. As., Astrea, 1977, p 91.

[28] Rivera, Julio C., El nombre en los derechos civil y comercial, Bs. As., Astrea, 1977, p 91.

[29] Nasta, José D.,  ¿Cómo dijo que se llama?, Bs. As., Planeta, 1994, p 56.

[30] La Capital suplemento cultural, Rosario, cuna de la bandera 9/7/2000, Seudónimos al descubierto, http://www.rosariolibros.com/lacapital/suplemento47//seudonimo.htm 01/08/2001

[31] Emery, Miguel Á., Propiedad intelectual, Bs. As., Astrea, 2001, p 84.

[32] CNCiv, Sala C, 22/12/88, LL, (1989-C-1), con nota de  Villalba, Carlos A., El derecho al seudónimo, p 3.

[33] Emery, Miguel Á., Propiedad intelectual, Bs. As., Astrea, 2001, p 85.

[34] Emery, Miguel Á., Propiedad intelectual, Bs. As., Astrea, 2001, p 85.

[35] Rivera, Julio C., El nombre en los derechos civil y comercial, Bs. As., Astrea, 1977, p 79.

[36] Emery, Miguel Á., Propiedad intelectual, Bs. As., Astrea, 2001, p 83.

[37] Emery, Miguel Á., Propiedad intelectual, Bs. As., Astrea, 2001, p 100 y 101.

[38] CNCiv., sala C, 30/12/99, ED, 187-562.

[39] Bagate, De cómo y por qué usé el seudónimo Bagate,  http://www.geocities.com/Vienna/Choir/5476/bagate/seudon.htm 01/08/2001.

[40] Rivera, Julio C., El nombre en los derechos civil y comercial, Bs. As., Astrea, 1977, p 98.

[41] La jornada 15 de octubre de 1998, Escritoras de países del Pérsico se ocultan detrás de seudónimos, Http://www.jornada.unam.mx/1998/oct98/981015/mujeres.html 01/08/2001 

[42] Bioy Casares, A dolfo, Elogio al seudónimo, http://www.nexos.com.mx/internos/julio/1999/elogiodel_seudonimo.htm 01/08/2001

[43] Cháneton, Abel, Historia de Vélez Sársfield, Bs.As. Eudeba, 1969, p 342

[44] CNCiv, Sala C, 22/12/88, LL, (1989-C-1), con nota de  Villalba, Carlos A., El derecho al seudónimo, p 3.

[45] Belluscio, Augusto C.  (dir.) – Zannoni, Eduardo (Coord.), Código Civil y leyes complementarias. Comentado, anotado y concordado, tomo I, Bs. As., Astrea, 1993, p 173.

[46] Concurso de investigación para jóvenes economistas, Concurso 2001-2002, http://www.bcrpgob.pe.Espanol/Wactividades/conc_inv.htm 01/08/2001.

[47] Rabinovich-Berkman, Ricardo D., Bioderechos, Buenos Aires, Dunken, 1999, p 197