Este estudio
tiene como objeto explorar las representaciones
sociales que construyen los/as
estudiantes de Abogacía en torno a la “relación médico/a-paciente”, para identificar los cruces y los
puentes que se establecen entre el
nivel discursivo y el plano inconsciente,
a fin de señalar los quiebres y las continuidades, las necesidades y los
desafíos posibles en el terreno que propone la Bioética, especialmente en el campo de la Medicina
Defensiva
Se exponen aquí las representaciones
sociales que acerca de la relación médico/a-paciente poseen
estudiantes de Derecho y para lograr una mayor homogeneidad entre las unidades
de análisis se delimitó el análisis exclusivamente a estudiantes regulares de
la Asignatura “Bioética y Derecho”,
inscriptos/as en la Carrera de Abogacía de la
Universidad de Buenos Aires.
Se
optó por la población estudiantil a efectos de verificar si existe
correspondencia entre la percepción acerca de los/as futuros/as
graduados/as como una totalidad o “corporación”, socializada en un modelo de
ejercicio profesional que propende a valorizar técnicamente a “cuervos” que “están al acecho de hacerte un
juicio por cualquier causa” o si por el
contrario se trata de individualidades que operan según criterios propios.
Justificamos la elección de la población al considerar que si el Derecho refleja la mutabilidad de los valores sociales y a través de sus regulaciones da cuenta de fenómenos extra-jurídicos, entonces el terreno bioético resultaría propicio para iniciar un debate profundo acerca de cuestiones cuasi-elementales y poco discutidas como la relación médico/a-paciente (no ya de las implicancias jurídicas de las desavenencias entre ambas partes, sino del encuentro o des-encuentro de subjetividades).
Metodología
utilizada:
I. Censo:
El universo de estudio (750 casos), se integra
por estudiantes de Abogacía inscriptos/as en los Cursos de pre-grado de “Bioética
y Derecho” (Cátedra: Dra. Gladys J.
Mackinson), correspondientes a la
currícula de la carrera de Abogacía de la Universidad de Buenos Aires,
compuesta por sujetos de ambos sexos, entre 22 y 58 años de edad, en los
períodos académicos que transcurren entre agosto de 1994 y diciembre de 2001.
Si bien nuestro censo consta a la fecha de 750 dibujos, ello no
significa que estemos ante 750 posiciones diferentes, muy por el contrario las
coincidencias son constantes y revelan ideas recurrentes en cuanto al modo de
percibir la relación médico/a-paciente.
“la propuesta es...recuperar para el estudio
de poblaciones algunas dimensiones propias del campo de los estudios de la
subjetividad...aquellas dimensiones humanas difíciles de mensurar, tales como
la irracionalidad, la afectividad, la contradicción, por enumerar sólo algunas
características”[i].
Si tal como postulaba el Juez Holmes "las leyes dicen lo que los jueces dicen que dicen"[ii], la jurisprudencia estaría imbuída de interpretaciones subjetivas amparadas en mitos, creencias, estereotipos, pre-juicios (juicios previos), usos y costumbres hacia los cuales apuntamos al diseñar este estudio suponiendo que los/as futuros/as abogados/as luego de graduarse podrían ejercer el Derecho desde perspectivas valorativas en detrimento de saberes teórico-prácticos, evidenciando un modo de operar extra-objetivo, es decir, más allá de lo que ordena “la letra de la ley”.
II. Técnica de recolección de datos:
Con el objeto de des-cubrir las representaciones sociales se prefirió un modo de aproximación a la subjetividad a través de gráficos de figura humana, con el propósito de determinar el grado de internalización entre los/as estudiantes de Abogacía de la “medicina defensiva”[iii] en tanto problemática bioética.
La modalidad de la técnica -aplicada a modo de censo- implicó la
elaboración de una consigna cerrada pero de resolución abierta (en este
caso: “Dibuje a un/a médico/a y a
un/a paciente”), la cual fue dirigida por la Profesora Titular a todo el
alumnado presente en clase a fin de sondear en la representación gráfica de dicha díada a la cual se denominó “pareja
sanitaria”.
En función de los dibujos de pareja sanitaria recopilados podemos analizar aquellas cuestiones menos conocidas por el sujeto y que pueden obturar-desde el inconsciente- la constitución de un vínculo (relación interpersonal, humanizada) entre médico/a y paciente.
La
utilización de esta técnica -ad hoc- de
indagación subjetiva ha permitido obtener datos
difíciles de hallar mediante
metodologías “convencionales”.
Este tipo de instrumento de recolección de datos no es habitual
para la población estudiantil de Derecho y generó como efecto rebote otros
elementos de análisis e interpretación subjetiva no previstos en el diseño
original: ante la enunciación de la consigna la primera reacción generalizada entre todos/as
ellos/as fue la de estupor. Resultaba inaudito que “a alumnos de la Facultad”, en
el marco de la clase inaugural del Curso, y
luego de la presentación de los/as integrantes de la Cátedra[iv]
y del cronograma de actividades se les indicase que tenían que “sacar una hoja
y hacer un dibujo”. Luego de
aclarar reiteradamente que dicho ejercicio no sería utilizado “como prueba en
su contra” ni evaluado según parámetros habituales, ni mucho menos calificaría sus aptitudes para el dibujo (o la
carencia de ellas), se destacó que cada uno de los dibujos sería analizado
empleando como guía las pautas provenientes del campo psicológico y más
específicamente de los test proyectivos.
Debió aclararse reiteradamente que no estábamos en una sesión de terapia
grupal[v]
sino en una clase de Bioética y tras responder a innumerables dudas, fantasías
y comentarios infantiles los/as alumnos/as accedieron de buena gana a
participar de la propuesta, con una marcada angustia expresada mediante: a) la interrupción
de las frases enunciadas por parte del equipo docente, b) incesante sonido de
risas o de toses nerviosas, c) comentarios referidos al programa
televisivo “Vulnerables”, d) disculpas insólitas por “no saber
dibujar” o por haber olvidado “lápiz
y una goma para que les salga mejor”.
Este tipo de comentarios o excusas si bien pintorescos, permitían bajar
la enorme carga de ansiedad que les generaba hacer algo desconocido o para lo
cual decían que “no estaban preparados/as”.
Fue incluso halagador notar que frecuentemente quienes el día de la toma del dibujo se hallaban ausentes concurrían a la clase siguiente o subsiguiente con “los deberes”. Sin embargo, esas tareas realizadas en el hogar fueron desechadas de este análisis por no haber sido resultado del libre ejercicio del inconsciente sino mediatizadas previamente por la transmisión de la consigna y las percepciones de algún/a compañero/a que actuó como transmisor/a, quitándole a esta propuesta la originalidad del impacto.
III. Análisis de los datos:
El análisis de los
datos se direccionó a reconocer grupos de características diferenciales en función del modo de percibir la relación
médico/a-paciente. A tal efecto se aplicó un análisis
cualitativo-interpretativo de los dibujos realizados por los/as estudiantes.
El censo consta de 750 dibujos realizados por estudiantes de Abogacía de la UBA, distribuidos del siguiente modo: 419 (56,%) corresponden a mujeres y 331 (44%) a varones. La edad de quienes dibujaron oscila entre los 22 y los 58 años; 447 (60%) tenían entre 20 y 29 años, 198 (26%) entre 30 y 39 años, 93 (12,4%) tenían entre 40 y 49 años y 12 entre 50 y 59 (1,6%) . La toma fue realizada sistemáticamente entre los años 1994 y 2000. Estos datos cuantitativos fueron considerados suplementarios.
Dado el carácter de dispositivo pedagógico otorgado a esta metodología de análisis e interpretación de gráficos, se respetó fielmente la confidencialidad de los datos sin incurrir en hacer públicos frente al auditorio de estudiantes detalles tales como el nombre, la edad o el sexo de sus autores/as que pudiesen identificarlos/as.
En todos los
casos se mantuvo esta actitud, excepto cuando quien había hecho un dibujo se
reconocía orgullosamente como responsable de la elaboración del mismo, es decir al exponerse como autor/a se
exponía como persona. Para evitar que la circulación de opiniones basadas en
juicios de valor se orientara más hacia las personas que hacia su producción
“artística” es que se hizo especial hincapié en el sigilo, a modo de aproximación
vivencial al concepto de secreto profesional.
IV: Interpretación de
resultados:
De acuerdo a las representaciones sociales que surgen de los 750 dibujos recogidos, se han conformado tipos, los cuales han sido construidos teóricamente para agrupar a los/as médicos/as según criterios propios surgidos de la interacción consecuente a la puesta en común de los dibujos.
Estos
criterios estarían determinando el modo de atención que brindan los
profesionales (en función de sus condicionamientos ambientales en el ejercicio
de la profesión médica) y por ende la relación que entablarán con sus
asistidos/as.
Médico/a
de hospital público: Reconocido/a como quien trabaja “sirviendo a
la población” que acude al hospital y evitando que “se le muera la gente”
a pesar de no contar con elementos técnicos ni con recursos económicos y/o
infraestructurales para lograrlo. Se lo/a asocia a palabras tales como sacrifico,
sacerdocio, dar todo por los
demás, compromiso, desinterés. También surgen frente a esta visión positiva
ciertos aspectos negativos tales como: trabaja allí por la mañana y
después “factura bien” en su consultorio, “no hace nada con la excusa de
la falta de presupuesto”, se queda
un par de años para practicar y
después se va y en las tarjetas profesionales anota “ex algo de un
servicio”.
Médico/a
de obra social:
Visualizado/a socialmente mediante
la idea de aquel/la que sin atender al paciente le “receta
cualquier remedio para que se vaya rápido” y le permita de ese modo
“atender en el menor tiempo a la
mayor cantidad de gente posible”. Es visto/a como quien “confunde las
fichas” clínicas de sus pacientes porque nunca realizó una exploración
exhaustiva de los consultantes. Las palabras que surgen también se
vinculan con un estereotipo negativo: “no les importa nadie”, sólo quieren
ganar plata, “les da lo mismo que el paciente viva o se muera siempre que
pague”, “hacen su negocio y encima se quejan”.
§
Médico/a de consultorio
privado: Percibido/a como quien “aprovecha”
en horas de la tarde el prestigio obtenido en el hospital público, (en el cual
generalmente se desempeña por la mañana) para ejercer la medicina en forma
onerosa. Se lo/a identifica con la noción de respeto al paciente, de tiempo de
escucha y de diálogo, de conocimiento recíproco entre médico/a y paciente, y de
solidez académica. Sin embargo, aparece también un perfil negativo: afán de
lucro, ocuparse del paciente en el consultorio y no hacer nada por los
pacientes en el hospital.
Debido a la equipolencia de los roles, para que un/a médico/a ejerza como tal debe haber un/a paciente que lo/a consulte. En cuanto a los/as pacientes, aquel adagio hipocrático “no hay enfermedades sino enfermos” nos permitiría acceder a un nuevo modo de religiosidad contemporánea[vi], basado en los resultados del análisis del discurso de los/as alumnos/as al interpretar los dibujos:
Agnósticos/as:
Creen que su deteriorado estado de salud se debe a que Dios ha
dejado de ampararlos y consecuentemente descreen de Él.
Diagnósticos/as: Depositan todo el dinero con que cuentan en
deambular por cuanto centro especializado exista, demandando todo tipo de
prestación que modifique o revierta una muerte dada por cierta.
Pronósticos/as: Acuden a gurúes de la Medicina tradicional, de las terapias alternativas o del esoterismo para hallar la fórmula de la “salvación”.
Debemos
ahora indicar cómo se define el otro término que da sentido a esta relación conformada por la díada
médico-a/paciente, también conocida como relación
clínica (RC) o alianza
terapéutica. ¿En qué circunstancias
se da actualmente esa relación?. De acuerdo al material discursivo de los/as
estudiantes y recogido en cada uno de los Cursos, el tipo de relación interpersonal entre estas dos personas ofrece
características que permiten inferir un modo de relación poco vinculante entre
ambos. Ello se debe a las condiciones en las cuales se desarrolla la consulta[vii],
conmoviendo -en ocasiones- las creencias religiosas, éticas y morales,
generando un amplio campo de discusión multidisciplinaria (fundamentalmente para
la sociología, la filosofía la educación, la medicina, la psicología, la
economía, la bioética, el derecho y la antropología) pendiente aún de acuerdos
básicos[viii].
Indicaré a continuación algunas de ellas:
1) Tendencia creciente hacia la utilización de tecnologías
cada vez más sofisticadas para la obtención de certeza diagnóstica que permita
mejorar así la prognosis. La irrupción e interposición del aparataje entre
médico/a y paciente ha contribuido a la deshumanización de la practica médica,
al privilegiar un modo de interacción impersonal.
2) La interconsulta del paciente con
“especialistas” en diversas ramas de la Medicina, provoca un sentimiento difuso
respecto de la responsabilidad de cada uno en la toma de decisiones. Para el/la
paciente esta sensación de ser revisado/a por cada especialista como una parte
y no como un todo, genera incertidumbre, hastío y deseos de suspender esta
relación múltiple que le impide reconocer a un/a médico/a como referente y a los/as sub-especialistas
reconocerse como responsables por dicho/a paciente.
3) El sistema de salud publica en América Latina
se ha ido pauperizando progresivamente, pero subsiste aún la creencia arraigada
de que el modelo paternalista es el apropiado para la población que demanda los
servicios asistenciales (especialmente en los médicos que superan los 60 años
de edad), considerando que "sus" pacientes no poseen las aptitudes
necesarias para participar en la toma de decisiones referidas a su salud. Pueden visualizarse intentos por cambiar
este modelo, de relación médico/a-paciente basada en el paternalismo, los
cuales están emergiendo lentamente y con ciertas dificultades o resistencias
por parte tanto de sus colegas como de la comunidad a la que asisten, que dista
mucho de aceptar como cotidiano este cambio en la actitud profesional.
4) Los sistemas de salud privados son percibidos
como empresas médicas fundadas en motivaciones de carácter exclusivamente
económico. Se crea entre médico/a y paciente una relación de
proveedor-consumidor.
5) Reduccionismo medico, basado en la concepción
biologista de la enfermedad. Generalmente una persona concurre a la consulta
especializada sólo en aquellos casos en que considera que su salud está
deteriorada, es decir que recurre a un/a médico/a a los efectos de ser curado/a
de una determinada dolencia, quedando fuera de este contrato la medicina
preventiva.
A
continuación se detallan los elementos más salientes del análisis de los
gráficos:
La asimetría de
información impide el consentimiento informado.
El rol subordinado
del enfermo/a se debe al desconocimiento de sus derechos.
El paciente
asiente pero no consiente. Esto se sustenta en el rol médico como aquel
que en virtud de sus conocimientos
puede decidir por “su” paciente.
Las expectativas
que tanto el/la paciente como su familia depositan en el/la médico/a
contribuyen a crear en éste sentimientos de omnipotencia y superioridad en
éste/a.
El/la paciente al enfermar pareciera que
pierde su identidad anterior, pasando a convertirse en "el/la
enfermo/a" único atributo que en ese momento lo/a identifica como
persona.
El estado de
enfermedad ubica al paciente en un lugar de impotencia y de inferioridad,
como quien no puede hacerse cargo
de su propia vida, provocando así una crisis en el entorno.
La
representación del médico se asocia inmediatamente con alguien de sexo
masculino, sin embargo, paulatinamente se observa una modificación en
dicha percepción individual y social.
En este
encuentro médico-paciente queda fuera del imaginario social la medicina
preventiva.
Se relaciona
embarazo con enfermedad. Los gráficos en los que aparecen mujeres
embarazadas son escasos pero relevantes, ya que en los últimos tiempos se
ha dado gran difusión en sectores
carecientes a los controles prenatales, para facilitar el vínculo médico-paciente
al momento del parto.
Existe mayor
vínculo médico-paciente en el caso de las pediatras o de las odontólogas
de niños/as. Podría pensarse que esta relación se intensifica debido a la
diferencia de edades, estereotipando la imagen femenina asociada con
condiciones maternales similares a las que les son atribuídas a las
maestras.
El/la paciente
muestra rasgos de tristeza y postura deprimida al consultar.
El cuadrito con
el diploma que expone el título habilitante para el ejercicio profesional
sólo aparece en consultorios privados, en tanto identifica al hospital
público el cartel de silencio.
La necesidad de
encomendarse a Dios aparece en reiterados gráficos con el crucifijo tras
la cama del paciente.
§ Se relaciona paciente con muriente. Se observan imágenes en las que el paciente está tirado inerte en la camilla y el/la médico/a pareciera ser un/a forense que analiza al occiso/a.
Los
"cajones portacarpetas" se asemejan a los nichos de los
cementerios.
§
El respeto por las diferencias étnicas,
culturales y/o religiosas es un reclamo constante evidenciado a través de los
globitos de diálogo en los cuales se observan jeroglíficos e imposibilidad de
interacción.
¿Cuál puede ser el sentido de averiguar qué representación social tienen los estudiantes de Abogacía de la materia Bioética sobre los alcances de la relación médico/a-paciente en un momento social en el cual pareciera que las relaciones interpersonales han dejado de ser vinculantes y simplemente han pasado a convertirse en una mera formalidad?.
La confianza en el prójimo como un mecanismo capaz de sostener vínculos intersubjetivos ha ido cediendo espacio a la idea de un nivel mínimo de confianza informal como alternativa para concebir la vida económica moderna:
“Aunque más no fuera, la confianza tiene un importante valor
pragmático. En un sistema social, la confianza es el lubricante básico y muy
eficiente. Un grado adecuado de fe en la palabra de otros nos ahorra una gran
cantidad de trastornos. Desafortunadamente no es un bien que se pueda comprar
con mucha facilidad. Si se lo tiene que comprar, ello significa que ya se
tienen ciertas dudas sobre lo que se está comprando. La confianza y sus valores
afines como la lealtad y la veracidad, son ejemplos de lo que los economistas
denominarían “externalidades”. Son
bienes, son commodities, tienen un valor económico real y práctico; incrementan la eficiencia del sistema,
permiten producir más bienes o más de cualquier tipo de valores que se tengan
en alta estima. Pero su comercialización en el mercado es técnicamente
imposible y carente de significado” [ix]
En esta globalización de los principios y de las costumbres se ha ido extendiendo gradualmente la opinión respecto a que los/as médicos/as por temor a las demandas judiciales actúan de modo paternalista y beneficente. Empero la tradicional medicina paternalista y basada en la beneficencia tiene como elemento básico la confianza mutua entre médico/a y enfermo/a, situación que debiera llevar a una práctica no defensiva.
Es precisamente la desconfianza del médico/a en el/la enfermo/a o en su entorno (conocida vulgarmente como la “industria del juicio”) la base de la tan mentada medicina defensiva.
Entiendo por medicina defensiva al conjunto de conductas desarrolladas por los médicos para evitar las demandas por mala praxis, consistentes en extremar los procedimientos diagnósticos y terapéuticos aún aquellos de escasa efectividad o evitar pacientes de alto riesgo, ocasionando gastos excesivos al sistema de atención y sometiendo al paciente a riesgos evitables.
Históricamente, la medicina defensiva adquiere relevancia en los Estados Unidos en la década del setenta, como consecuencia esperable de la espiral creciente de demandas contra médicos/as. Dichas prácticas defensivas causaron un preocupante crecimiento del gasto en salud, tanto por el énfasis en la utilización de tecnologías para arribar a un diagnóstico como por el aumento de las primas de los seguros, que se tornaron casi imprescindibles para el ejercicio profesional. Algunos estudios calcularon los costos derivados de la medicina defensiva y las conclusiones se utilizaron para lograr reformas legales que pusieran algún tipo de límite a las demandas[x].
El aumento de demandas legales ha producido en forma reactiva el desarrollo de estrategias polimórficas entre los/as médicos/as y otros/as profesionales de la salud, las cuales modifican las prácticas comunes, pudiendo provocar gastos innecesarios al sistema de atención y al enfermo sin mejorar los resultados clínicos.
Los vertiginosos progresos en el diagnóstico y el tratamiento médico como consecuencia de las innovaciones tecnológicas incorporadas en la práctica médica, han sido acompañados por la implantación de técnicas sofisticadas, algunas de ellas cruentas, mortificantes, intrusivas, frecuentemente muy costosas y de alta complejidad. Por otro lado, a la par del avance técnico, se han incrementado el número de demandas por mala praxis médica, como resultado de la fragilización de la relación entre médico/a y enfermo/a.
Clásicamente se ha conocido como relación médico/a-enfermo/a (REM) al encuentro entre esas dos personas. En la actualidad, se utilizan otras denominaciones, dado que la anterior es poco precisa: en primer lugar, porque el/la médico/a no es el/la único/a sanitarista existente, y la relación puede establecerse con cualquier tipo de profesional de la salud. Por otra parte, tampoco quien concurre a la consulta debe ser necesariamente un/a enfermo/a.
El objeto de cualquier consulta es, precisamente, determinar si el/la consultante está o no enfermo/a. De ahí que también los/as sanos/as puedan tomar parte en esa relación (especialmente en todo lo referente a prevención primaria de la salud). Esto ha hecho que se sustituyera el término de enfermo/a por el más genérico de paciente. Pero tampoco ese vocablo parece del todo idóneo, ya que coloca al paciente en una situación meramente pasiva, frente al papel activo del médico/a.
El contenido que se le atribuye socialmente a la noción de ‘paciente´ trasciende el mero marco etimológico (patiens y pathos), constituyéndose como quien debe tener paciencia en la cura, en una actitud de espera pasiva y de infinita esperanza, las que serán satisfechas por el saber médico y/o por la tecnología disponible.
Otros posibles términos son los de “usuario”, “cliente” o “consumidor”. Ninguno ha conseguido una aceptación general y están más vinculados a los avatares de la desregulación de la prestación de servicios sanitarios que a un vínculo intersubjetivo. De ahí que cada vez se tienda más a llamarla simplemente «relación clínica» (RC), sin especificar el carácter de los términos de la díada, que puede ser muy distinto en diferentes momentos de la relación.
Tanto sea a nivel discursivo como desde el plano inconsciente –mediante el análisis de los dibujos- se verifica que los/as estudiantes analizados/as enfatizan los valores humanos por sobre las calificaciones técnicas, las cuales no se perciben como imprescindibles a la hora de definir el ideal del buen médico. Ese ideal choca contra el modelo real de médico/a (aquel/la “de carne y hueso”) ya que la díada médico/a-paciente no siempre involucra una relación interpersonal entre ambos/as y en algunos casos siquiera implica una relación, excepto la de ocupar el mismo espacio físico.
Resulta
de interés hacer notar que las ideas de sacerdocio, filantropía, apostolado,
caridad, desapego por el dinero resultan fundamentalmente asociadas al
estereotipo del "buen médico". Ellas poseen una carga axiológica de
raigambre moral y religiosa, siendo fuertemente valoradas como atributos
ineludibles para el ejercicio profesional de la Medicina.
La escucha médica (cargada de
atención flotante para indagar en aquello que se dice y en todo aquello que no
se dice con palabras pero el/la paciente verbaliza mediante síntomas clínicos)
base de la confianza mutua se ve
dificultada frente a la tendencia de “estar conectado con el mundo sin salir de
la casa” (Internet, teleconferencias, delivery)
La
incorporación sistemática de una tecnología impersonal y deshumanizante en detrimento de un vínculo dialógico
médico/a-enfermo/a, reduce los momentos de intersubjetividad y desaparecen así
las variables socio-.antropológicas del análisis contextual en que se desarrolla
una enfermedad, la professio[xi]
se apoya en la tecnología; sin embargo debido a la presión social y al
deseo de acceder a una salud equitativa, genera paradójicamente que los/as
mismos/as padecientes y sus familiares exijan para sí que les sean prescriptas dichas prácticas de alta complejidad porque caso contrario
aducen sentirse como “pacientes de 2ª
categoría”.
Asimismo, el gradual reconocimiento del paciente como agente moral, es decir, responsable en la atención de su salud, capaz de saber y decidir, han ido modificando los cánones de la tradicional relación médico/a-paciente (asimétrica, vertical y paternalista, cuando no autoritaria y deshumanizante) a partir de la aparición de numerosas Cartas y Declaraciones de Derechos del Paciente y del fortalecimiento de la noción de ciudadanía social.
Los/as médicos/as se enfrentan cruelmente a una justicia distributiva escasamente justa a la hora de asistir a “sus pacientes” en un hospital público y muchas de las demandas por mala praxis obedecen a negligencia, imprudencia o impericia causada fundamentalmente por carencia de recursos sanitarios básicos o a los daños provocados mediante terapéuticas aplicadas en pacientes ingresados por urgencia
La medicina tecnológica altera la relación clínica en la fase de elaboración del diagnóstico, y en el mismo sentido, desvirtúa el acto terapéutico. El/la verdadero/a médico/a no es visto como aquel/la que cuida al paciente, sino quien cura “cómo sea” la enfermedad, es decir “con todo el arsenal disponible” .
El encuentro del equilibrio para que la Medicina Moderna logre promover nuevamente la aproximación entre médico/a y enfermo/a está aún por llegar y todavía parece lejano. La intromisión de la tecnología en la relación clínica es tan grande y profunda que los/as protagonistas ni siquiera se re-conocen; y si no hubo un conocimiento profundo entre ambos -y carecen el/la enfermo/a de valoración y de entidad en tanto persona y el/la médico/a de reconocimiento profesional- es casi obvio que la gente crea mágicamente en la tecnología como “garantía” para postergar su deterioro psico-físico y/o su muerte.
Si Potter (1970) concibió a la Bioética como "un puente hacia el futuro"[xii] y aquel futuro es hoy un presente globalizado que se caracteriza por ciertos patrones de conductas tales como: la competitividad exacerbada, el exitismo y la ambición de dinero y/o de poder desmedida, las que tienen como sustentos basales: la pérdida del afecto en los vínculos intersubjetivos, el individualismo extremo y la hipercompetitividad, entonces se corre el riesgo social que dichas conductas -al ser aceptadas como habituales, al igual que cierto tipo de sustancias psicoactivas- comiencen a generar tolerancia.
En este contexto sería importante reflexionar acerca de los vínculos o las desvinculaciones, del afecto o de la neutralidad de los sentimientos y de la importancia de un diálogo que vehiculice un consentimiento libre e informado, ya que tanto el/la médico/a como el/la enfermo/a y su entorno se encuentran inmersos en una realidad social del “sálvese quien pueda”.
Los dibujos recopilados hasta
la fecha permiten dar cuenta de un notable
posicionamiento subjetivo y objetivo de los/as estudiantes de Abogacía frente a
la irrupción desmesurada de la “industria del juicio” por mala praxis como
posibilidad cierta de inserción
profesional y de conseguir un juicio que les permita “salvarse de por vida”.
Si el lema de Alma Ata “salud para todos en el año 2000”[xiii] continúa siendo una utopía[xiv], sólo un replanteo ético que contemple como pilares a la solidaridad y a la no exclusión permitirá que no haya salvaciones individuales sino soluciones colectivas en el campo de la salud pública.
[i] Weller,
S. I 1996: “Los
jóvenes y el SIDA”. Un enfoque epidemiológico atento a la subjetividad (UBACYT.
Secretaría de Investigaciones. Facultad
de Psicología-UBA).
[ii] Citado por Mackinson, G. J. 1987: Sociología del Poder Judicial. (Buenos Aires: EDS. p. 56)
[iii] La tradicional Medicina paternalista y basada en la beneficencia
tiene como elemento básico la confianza
mutua entre médico/a y enfermo/a, situación que debiera llevar a una práctica no defensiva. Es precisamente
la desconfianza del médico/a en el/la
enfermo/a o en su entorno (conocida vulgarmente como la “industria del
juicio”).
[iv] La Cátedra de Bioética estaba compuesta
por su Profesora Titular (Socióloga Jurídica), tres abogadas: una especialista
en estudios de género, otra en salud mental y la tercera miembro del Poder Judicial),
un abogado “raso” y por una sanitarista
especialista en bioética. Esta conformación interdisciplinaria, pluripartidaria
y multirreligiosa ha permitido a lo largo de los años una mirada no
discriminatoria del fenómeno bioético.
[v] Al activarse miedos o nudos de la historia personal, se requiere de una contención psicológica para evitar desbordes emocionales (en caso que los hubiere). Los días destinados a analizar los dibujos se contó con la presencia de un psicólogo y de la psicopedagoga de la cátedra.
[vi] Sorokin, P.: 1er.
Congreso Venezolano de Bioética. 1er.
Congreso Iberoamericano de Bioética. Universidad Católica
"Andrés Bello". Caracas, 6 al 9 de febrero 2001
[vii] Lavados, M
y Serani, A 1993: Etica clínica: Fundamentos y Aplicaciones. (Santiago
de Chile. Ed. Universidad Católica de Chile. Colección Textos Universitarios.
p. 348).
[viii] Sorokin, P: Acerca del
consentimiento informado en los test gráficos de figura humana . En Bioética y
Derecho: un análisis socio-jurídico. DE 045. Programación Científica UBA
1994/97.
[ix] Arrow, K 1974: The limits of
organization. (New York. Norton. p. 23).
[x] Blanco M.R 1993: Temas
de Responsabilidad Médica por Mala Praxis. (Buenos Aires. Ed. Akadia. p. 1-10).
[xi] Para Gracia, D. el médico es entendido como un agente
social, cuyo rol consiste en cuidar de la salud de los miembros de un grupo
humano. Este “reconocimiento” o “ratificación” generalizada ha querido
significar en sus orígenes el término
latino professio: “profesar” o “confesar”
públicamente a alguien, pudiendo ser profesional tanto un médico como un sacerdote o un obispo.
[xii] Van Rensselaer Potter, médico onc6logo, vuelca su preocupación por la tecnologización de la medicina, por sobre las técnicas biológicas, y concibe la necesidad de no perder de vista la tarea humanitaria de la medicina y la importancia de pensar en las personas por sobre todas las cosas.
[xiii] Consideramos que el acceso a un trabajo remunerado es también un modo de tender a alcanzar el tan proclamado estado de salud bio-psico-social.
[xiv] En tiempos socio-históricos signados por la desesperanza, la falta de proyectos aglutinantes tanto sean individuales o colectivos, la escasez de ídolos y/o de figuras representativas y por la incertidumbre de futuro.
In
Memoriam Prof. Dra. Gladys J. Mackinson.