RABINOVICH-BERKMAN, Ricardo D.
DERECHO ROMANO
Buenos Aires, Astrea, 2001
DEL
PREFACIO DEL DR. ABELARDO LEVAGGI:
"Hasta
donde llega mi conocimiento de los manuales o cursos de derecho romano, el
presente se destaca, ante todo, por su originalidad. Es diferente de sus
predecesores o, por lo menos, de la gran mayoría de ellos. Es, sin
posibilidad de confusión,
el Derecho romano de Ricardo Rabinovich-Berkman.
No
se trata de un manual más, que siga el método expositivo tradicional, con
solas variaciones de completitud, intensidad y lucidez, como se puede advertir
en las otras obras, sino un producto genuino de su erudito autor. No se
adhiere a ninguna de las vertientes a que nos tiene habituada la “manualística”
–ni a la historicista, ni a la dogmática–. Bien podría encabezar una
tercera vertiente del romanismo: humanística –obviamente, no al estilo de
Vinnio o Heinecio–.
De
que no es la suya una exposición dogmática, no cabe duda. Varias veces hace
profesión de antidogmatismo. No es, tampoco, una exposición histórica
meramente cronológica. Los lectores no encontrarán las habituales
descripciones del derecho romano, organizadas con criterio
temático o diacrónico, sino un estudio valorativo de ese sistema jurídico,
entendido como el fenómeno histórico que fue y, por lo tanto, situado en el
contexto cultural de su tiempo. De allí que no lo presente aséptico,
descarnado, sino envuelto en el conjunto de factores que le dieron vida y sentido.
Puede
notarse que se solaza el autor, tentando a los lectores a dejar una y otra vez
el camino troncal, para internarse en los senderos que se abren a uno y otro
lado de aquél, y que conducen a la filología, la filosofía, la literatura,
la historia romanas. No sólo hay esa invitación a pensar el derecho romano
en términos de un nuevo humanismo; además, se detiene morosamente en la
contemplación de aquellos paisajes, en donde lo jurídico no es un objeto
corpóreo, que se pueda ver y tocar. Tiene en ellos la sutileza o levedad de
una melodía o un aroma; por cierto, no menos real y perceptible que aquéllos.
Quizás
este éxtasis cultural en que a veces cae lo aleje del itinerario a seguir, si
bien no puede negarse el encanto que producen esas pequeñas joyas de erudición
engarzadas en el discurso central. El destino primordial de este libro, como
dice el autor, son los alumnos de la carrera de abogacía. Esa causa final lo
impele, como auténtico docente que es, a dirigirse a su razón, no a su
memoria, y a procurar explicarles los porqués de las instituciones jurídicas,
mucho más que su forma. Como amigo del saber, y forjador de amplias
perspectivas mentales en los estudiantes, los pone en contacto con fuentes
directas de la cultura romana, para disfrute suyo, según lo expresa.
Suele
ocurrir que la primera edición de un manual, en cuanto exposición integral
y, a la vez, sintética de una materia, como lo es por definición, sea
revisada y modificada en las ediciones posteriores, a favor de la perspectiva
que dan el tiempo y la distancia de los problemas que plantea toda composición
ex nihilo. Tal vez esto suceda, asimismo, con este libro. Pero creo que
nada de lo sustantivo que contiene ha de cambiar, y que sólo algún aspecto
adjetivo podría ser objeto de un replanteo.
Creo,
también, que su aparición constituye un hito significativo en la producción
romanística argentina, un estimulante para que actuales y futuros juristas
renovemos nuestra fe en ese venero inagotable de sabiduría que es el derecho
romano, y una razón más para que todas las universidades argentinas le
reconozcan el papel medular que debe desempeñar en los estudios jurídicos,
ya que su ausencia, allí donde existe, afecta gravemente la calidad de la
enseñanza que imparten".
ABELARDO
LEVAGGI